Los «Reyes Magos» viajan en 4x4 por el desierto

Cifuentes en la pasada edición del Rally Solidario. /  M. Á. FERNÁNDEZ
Cifuentes en la pasada edición del Rally Solidario. / M. Á. FERNÁNDEZ

El cangués César Cifuentes participa esta semana en un rally solidario que lleva recursos a los pueblos de Marruecos

G. POMARADA CANGAS DE ONÍS.

Tras la luna del viejo Discovery de César Cifuentes se dibuja durante una semana y, desde hace ya cuatro años, la inmensidad de un desierto moteado por pequeñas aldeas en las que sus habitantes sobreviven en condiciones ínfimas. En el interior de ese mismo todoterreno viaja un cargamento destinado a aliviar las necesidades de este reducto del sur de Marruecos y unos pilotos solidarios que se adentran en lugares inhóspitos como el desierto de Zagora para hacer posible la entrega. El cangués Cifuentes, veterinario de profesión, es uno de ellos.

Este voluntario se embarcaba el sábado en su quinta aventura por tierras africanas. «Cada vez voy con más ilusión, ir a hacer ayuda humanitaria supone un cambio de mentalidad», explica. Desde que probase la experiencia, los años transcurren para él entre «los seis meses de recuerdos» por lo vivido y «los otros seis de deseos» por repetir el viaje solidario.

Más allá de la vivencia personal, Cifuentes ha logrado la implicación de la sociedad de Cangas de Onís, desde los comercios al Ayuntamiento o los escolares. La pasada semana, y tras observar en un audiovisual la vida de los niños marroquíes, los alumnos del colegio Reconquista le entregaban algunos de sus objetos más preciados, desde esa camiseta especial a algunos de sus juguetes favoritos. Al cargamento se unen productos de primera necesidad donados por establecimientos locales, como reservas de ibuprofeno. «Son medicamentos muy importantes en la cordillera del Atlas porque los habitantes sufren mal de altura, con dolores de cabeza por edemas. Allí un ibuprofeno es oro molido», indica.

Otros de los productos más preciados son los alimentos no perecederos, el material escolar o el calzado. Unas sandalias son precisamente las protagonistas de uno de los episodios que el cangués recuerda con mayor emoción. «Una amiga cogió a un niño, lo sentó en su regazo y le quitó la arena de los pies curtidos. El niño no sabía meter los dedos en la sandalia», rememora. Para Cifuentes, momentos como ese representan la verdadera ayuda humanitaria, «no meter el dinero en un banco».

En Marruecos, cuenta, «existe un contraste grande entre la riqueza y la pobreza» de zonas como Casablanca o Marrakech y los poblados del desierto. «La gente vive en cuevas o en casas muy pobres, con paredes hechas de adobe o excremento».

Los escasos recursos del lugar motivan que una de las normas impuestas por la asociación Rally Solidario sea la antigüedad de los coches. «Tienen que tener más de veinte años», explica Cifuentes, que conduce un todoterreno de hace veinticinco. En esta edición, son más de medio centenar los vehículos que participan en el evento solidario.

Hasta el próximo sábado 31, el día a día de los voluntarios del Rally Solidario transcurrirá entre los 'briefing' de primera hora para concretar rutas y posibles incidencias, horas de desplazamientos por cauces y caminos que «llegan a desaparecer» y la recompensa de la entrega. «Nos reciben como si fuésemos los Reyes Magos, según llegas ya te llaman por el nombre, tienen una memoria impresionante. Están tan agradecidos que se quedan con la experiencia», valora el cangués.

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