Un riosellano, condenado a diez meses de cárcel por maltrato animal

Mantenía encerrada a su perra en un almacén de Gijón sin agua ni comida y gravemente herida; no tenía microchip ni tarjeta sanitaria

LAURA CASTRO RIBADESELLA.

«Execrable». Así define la sentencia dictada por el Juzgado de lo Penal número dos de Gijón contra el riosellano de 50 años L. M. C. V., a quien se acusa de maltratar a una perra hasta el punto de tener que amputársele una pata. En la sentencia se explica cómo en abril de 2016 la policía local gijonesa solicitó a la lacera municipal que acudiera a un almacén de Serín a rescatar a una perra mestiza de pastor tras recibir varias denuncias anónimas y vecinales. En el recinto, cerrado con vallas y del que el animal no tenía forma de escapar, lugar no había bebedero ni comedero.

La perra, que cojeaba visiblemente, presentaba una fractura abierta en la pata derecha trasera fruto de un atropello, tal y como aseveró el acusado. Fue trasladada a una clínica veterinaria donde intentaron tratarla con medicación durante un mes, pero finalmente tuvieron que amputársela. Según indicaron los especialistas del centro durante el juicio, «la perra se encontraba en muy malas condiciones físicas, con desnutrición y lesiones evidentes. Tenía una grave infección en la pata que había llegado al hueso y a los tejidos blandos de la que no recibió los cuidados necesarios para su curación, lo que le ocasionó numerosos problemas derivados». La sentencia establece que el acusado, quien ya tenía antecedentes penales, «no prestó al animal las atenciones básicas de comida, higiene, cuidados y asistencia veterinaria necesarias, además de obligarla a permanecer en un lugar aislado y sin cobijo alguno». La perra carecía de microchip y tarjeta sanitaria.

L. M. C. declaró durante el interrogatorio que «era un perro de guarda y que todo el que tenía uno sabía lo que había», dando a entender que no le daba de comer «porque sino no vigilaba el recito y era su cometido». Unas afirmaciones que para la magistrada «dejan clara su actitud respecto al animal».

El riosellano de 50 años ha sido condenado por un delito de maltrato animal con una pena de 10 meses de cárcel. Además, deberá indemnizar a la clínica veterinaria por los gastos de todo tipo ocasionados por el tratamiento y cuidados prestados y no podrá tener ningún otro animal a su cargo durante tres años. La protectora El Trasgu se hará cargo de la perra en sus instalaciones hasta que le encuentren un nuevo hogar.

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