Santa Marina, una fiesta legendaria

Ofrecimiento de uno de los corderos por parte de la familia de Nicolás González, ayer en Parres. / J. LL.
Ofrecimiento de uno de los corderos por parte de la familia de Nicolás González, ayer en Parres. / J. LL.

La localidad llanisca de Parres repitió, un año más, el ofrecimiento de corderos | A la procesión salieron los gaiteros, el estandarte, tres ramos, más de un centenar de aldeanas y las andas de la santa

GUILLERMO FERNÁNDEZ LLANES.

Al pie de las primeras estribaciones de la sierra del Cuera, los vecinos de la localidad llanisca de Parres y varios centenares de romeros llegados desde muy diferentes lugares, participaban ayer en el día grande en honor a Santa Marina, una de las pocas fiestas que todavía conserva matices bucólicos y pastoriles de siglos pasados. El programa de actos incluía misa campestre, procesión, ofrecimiento de ramos y corderos, subasta de las ofrendas y festival folclórico.

En la Vega de Santa Marina, bajo frondosos robles y encinas, comenzaba a mediodía la misa de campaña oficiada por el sacerdote Florentino Hoyos, párroco de Llanes, quien calificó a la santa como «ejemplo de fe y amistad, así como gran intercesora que fue creciendo en virtud y santidad». La función religiosa estuvo acompañada por las voces del coro parroquial de Parres, dirigido por Gema Cea, que cantó la Misa Asturiana, acompañados a la gaita por Julián Herrero.

Al término de la eucaristía se formaba una concurrida procesión en la que más de un centenar de niñas y mozas, ataviadas de llanisca, caminaban hacia atrás para no perder de vista la imagen de la santa. Encabezaba la comitiva una pareja de gaiteros y el estandarte de Santa Marina, en manos de Iñaki Fernández.

Seguían tres ramos repletos de pan artesanal. El de los niños, a hombros de Pelayo Villar, Pablo Fernández, Juan Fominaya y Pelayo Pereira. El de los jóvenes, trasladado por Álvaro Martínez, Enol Hernanz, Gabriel Sobrino y Víctor Fominaya, mientras que el de los veteranos lo llevaban Ángel Quintana, Carlos Fernández, Esteban Hernanz y Jorge Arenas. Todos ellos marchaban enfundados en el típico traje de porruano.

Por detrás de las aldeanas aparecían las andas con la imagen de Santa Marina, en cuyos varales oficiaban como costaleros Illán Tudela, Jorge Martínez, Jorge Fernández y Pablo Arenas. El sacerdote y cientos de romeros cerraban la comitiva.

El momento más esperado

De regreso a la Vega de Santa Marina, en la zona donde la pradería se sombrea con plátanos centenarios, llegaba el momento más esperado de la mañana, la sucesión de actos típicos de tiempos ya olvidados en la mayoría de los pueblos asturianos. Formando un amplio círculo, las mozas entonaban las coplas de las ofrendas de los tres ramos y más tarde comenzaba el ofrecimiento de corderos, cuatro en total, por parte de grupos familiares. En primer lugar, con un borrego bien cebado, se presentó Nicolás González, acompañado por sus hijas, María y Julia, y sus nietos, Carlos y Lucía. Tras ellos apareció el clan de los Martínez: Ainoa, Álvaro y Carlota. A continuación surgía Rebeca Díaz Caneja, junto a Pelayo y Sergio. La familia Gutiérrez, con René al frente, cerraba los ofrecimientos con un lustroso recental. Varias familias acudieron con ramos de rosas y otras presentaban sus niños a la santa.

Con la imagen de Santa Marina de regreso a la capilla que le sirve de morada a lo largo del año, Ricardo Gómez 'Cardi' iniciaba la subasta de las ofrendas. Y más tarde, con acompañamiento a la gaita por Julián Herrero y al tambor por Manuel Fernández, comenzaba el festival folclórico con la interpretación del Xiringüelín, la Carrasquina, el Quirosanu, el Fandango de Pendueles, las jotas de Cadavedo y el Cuera, el Pericote y el Xiringüelu de Naves.

Temas

Llanes

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos