«Esta semana dimos una imagen fatal con el plan de transporte», dice la hostelería

Turistas ayer junto al centro de visitantes cerrado. /  NEL ACEBAL
Turistas ayer junto al centro de visitantes cerrado. / NEL ACEBAL

G. P. COVADONGA.

Con la primera fase del plan de transporte a los Lagos finalizada, después de trece días activa, toca hacer balance. La percepción en el sector turístico y del transporte privado de la zona es que la afluencia de visitantes se concentró en los días propios de la Semana Santa, con un «bajón» en las jornadas posteriores. Ayer mismo, último día con el plan activo, los autobuses subían con una ocupación de menos de la mitad de su capacidad y en las horas centrales se contaban apenas un centenar de visitantes. Se da la circunstancia de que este año el plan duplicaba su duración respecto a los ocho días de 2017.

En la hostelería preocupa, además, la «falta de servicios» aparejados al plan de transporte. «El turista paga ocho euros para subir, ir por un camino de medio metro y dar la vuelta», lamenta una de las propietarias del bar 'El Casín', junto al lago Enol. Como ya denunciaron la pasada semana desde el Ayuntamiento de Cangas, el centro de visitantes y servicios como los aseos se mantuvieron abiertos únicamente durante los días de la Semana Santa. «Llega la gente y lo encuentra todo cerrado, sin nadie que les informe», lamenta la hostelera, que apunta también a la falta de infraestructuras e información: «Esperan los buses a la orilla de la carretera, sin techo. El sábado de Semana Santa estuvo la carretera cortada por la mañana y a los turistas no se les informó, mucha gente perdió el día haciendo cola», indica.

La situación, dice, afectó negativamente al sector turístico de Cangas, pues «dimos una imagen fatal, hubo una desorganización total». La responsable de este establecimiento, uno de los dos que existen junto a los Lagos, afirma que la hostelería «está a favor del plan de transporte», pero piden que «se organice bien y se piense en los negocios más pequeños». En su caso, desde la entrada en vigor de las restricciones, «pasamos de tener siete personas en el bar y la cocina a solo dos».

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