Sinariega, un pueblo de «cuento de hadas»

José Antonio Suárez y María Teresa Ureta, en su casa de Sinariega. /  NEL ACEBAL
José Antonio Suárez y María Teresa Ureta, en su casa de Sinariega. / NEL ACEBAL

Los quince vecinos conservan la tradición de esta localidad que el sábado recibe el premio al Pueblo Ejemplar de Parres

GLORIA POMARADA ARRIONDAS.

«Llevábamos una pila de años detrás del premio. Esti pueblu ye...». Javier Suárez, uno de los quince habitantes de Sinariega, interrumpe su descripción para perder la mirada en el paisaje que rodea el pequeño núcleo parragués, enclavado a 230 metros de altura entre el Monte del Carrizal y la Peña de Peñellana. Después de tres intentos fallidos, la concesión esta semana del premio al Pueblo Ejemplar de Parres despierta una sensación unánime de «orgullo» entre unos vecinos que en el último medio siglo se han implicado no solo en la conservación del patrimonio y la cultura, sino en las construcción de los equipamientos básicos.

La primera traída de agua «la hizo el pueblo en diciembre de 1965 y costó 2.900 pesetas», cuenta José Antonio Llano, residente en Sinariega desde que contrajese matrimonio con María Josefa Valle, hace 52 años. El empeño vecinal contribuyó también a restaurar la capilla, a acometer las obras de saneamiento o a recuperar las fiestas de San Nicolás y el concurso de siega y cabruño.

Esa cultura de «arrimar el hombro» es precisamente el «núcleo duro» de la candidatura que Sebas Solís, alcalde pedáneo de la localidad, llevaba presentando al galardón desde 2013. «Éste es un pueblo pequeño, pero con identidad. Un pueblo de cuento de hadas», resume. El hecho de que no se hayan edificado nuevas viviendas «desde los años sesenta» y que el 'boom' turístico se haya limitado a una única casa de turismo rural respalda su apreciación. Una veintena de viviendas de piedra, con sus corredores de madera e, incluso, con las tradicionales cuadras en la planta baja, confieren al pueblo una sensación armónica. La misma que, explican los vecinos, se respira en la convivencia. «Somos pocos y nos respetamos unos a otros», destaca María Teresa Ureta, riosellana de nacimiento que llegó a este enclave de la parroquia de Cayarga hace cinco décadas. Su marido, José Antonio Suárez y el hermano de éste, Javier, son de los pocos habitantes que continúan con la actividad que dio sustento al pueblo durante el pasado siglo, la ganadería. «Hasta hace unos años había mucha ganadería de leche, pero nos mataban con los precios. Ahora sigo más por diversión», explica Javier, ya jubilado.

La tradición también resiste en el campo. «Aquí sigue sembrándose maíz y haciéndose la matanza», señala Solís, quien apuesta por compaginar turismo y ganadería para que el pueblo «no muera».

Ese empeño reiteran la quincena de habitantes de Sinariega, que ayer se reunieron para hacer una primera ronda de propuestas para los 6.000 euros con los que está dotado el galardón. «No hay mucho que arreglar, el dinero puede servir para una fuente donde el antiguo depósito», señala Mari Paz Rosete, retornada al pueblo hace una década tras residir en Zaragoza. También a la habilitación de una fuente como «punto de encuentro» apunta Solís.

Mientras deciden el destino de la inversión, los vecinos ultiman los preparativos para recibir el anhelado reconocimiento. El sábado acudirán todos juntos a la capital parraguesa a recoger el premio. «Ser Pueblo Ejemplar es la apuesta de todos los vecinos», destaca el alcalde pedáneo.

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