Solidaridad riosellana que no entiende de especies

David Iglesias medica a un cabritillo en Etiopía. / FOTOS: D. I.
David Iglesias medica a un cabritillo en Etiopía. / FOTOS: D. I.

El veterinario David Iglesias permaneció veinte días en Etiopía saneando y desparasitando a 4.000 animales | La finalidad de la misión es evitar la propagación de enfermedades entre el ganado y, por extensión, de la población de Nyangatom

LUCÍA RAMOS RIBADESELLA.

Sin luz, sin agua caliente, en tiendas de campaña a merced de los fuertes vientos y las lluvias y en medio de un conflicto entre tribus que nunca cesa. Estas son las condiciones en las que trabajó durante veinte días el veterinario riosellano David Iglesias, del hospital Ivet, en la comarca de Nyangatom, al suroeste de Etiopía. Como ya hiciese el año pasado, el profesional aprovechó sus vacaciones para colaborar con la labor que los misioneros de San Pablo están llevando a cabo en el país africano aportando aquello que mejor sabe hacer: cuidar de los animales. Así, provisto de medicamentos que previamente le donaron las comerciales Llanera y Cemave y el laboratorio Livisto, el riosellano logró sanear y desparasitar a más de 4.000 cabezas de ganado.

«Si consigues garantizar la salud de los animales y evitar que se propaguen enfermedades entre ellos, estás mejorando también la salud y el bienestar de la tribu que los pastorea, pues ellos viven de sus cabras, ovejas, vacas y burros», explicaba David Iglesias a EL COMERCIO poco después de regresar de una misión que, reconoce, es dura, pero «merece la pena».

El año pasado comenzó a colaborar con los misioneros y su fundación Emalaikat y, tras volver a hacerlo este año, no duda en recomendar a sus colegas que se animen a compartir la experiencia. «Están trabajando bastante en precario, pues ellos estaban en Kenia, donde tienen misiones mucho más avanzadas, pero al ver la situación en que se encontraban los nyangatom, siempre en guerra con los turkana, decidieron cruzar el río que hace de frontera y empezar a trabajar aquí también», relató el veterinario.

Recordó cómo en 2016 tardó siete días en llegar hasta los asentamientos debido al pésimo estado en que se encuentran las comunicaciones. «Este año fueron solo tres días y medio y, a diferencia del anterior, ya tenemos agua y letrinas cerradas», comentó. Una vez en la comarca, con «los últimos indígenas de la tierra», Iglesias no se limitó a tratar a los animales, sino que a diario estuvo echando una mano en el centro de salud, realizando pruebas de malaria, enfermedad por cuya causa todavía siguen muriendo miles de niños cada año.

Su intención, explicó, es «lograr que se unan dos o tres veterinarios más a la misión, hacernos con suficiente medicación, que se puede adquirir en Etiopía sin ningún tipo de problema, y realizar una campaña de saneamiento total, pues en la comarca habrá unos 22.000 animales y yo solo pude tratar a algo más de 4.000». Con esta idea en mente, y con el beneplácito del Gobierno etíope, David Iglesias ya mantiene contactos con el veterinario oficial de la zona.

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