El tren cremallera, un mecanismo para controlar y limitar el acceso a los Lagos

Más de 900.000 turistas visitan los Lagos de Covadonga cada año. / NEL ACEBAL
Más de 900.000 turistas visitan los Lagos de Covadonga cada año. / NEL ACEBAL

El proyecto inicial de 1998 contemplaba una capacidad máxima de transporte de 900 pasajeros cada hora

LAURA CASTRO CANGAS DE ONÍS.

Controlar el acceso libre a los Lagos de Covadonga fue uno de los objetivos que se marcó en 1998 la Consejería de Fomento, ocupada entonces por el PP, con el proyecto del tren cremallera y también es uno de los beneficios que defienden los populares asturianos actualmente. La propuesta inicial contemplaba una capacidad de transporte de 900 pasajeros cada hora e incluía el cierre de la carretera a los Lagos, restringiendo su uso exclusivamente para ganaderos, propietarios, hosteleros y empleados de la zona. Asimismo, planteaba la creación de un aparcamiento en las inmediaciones de El Repelao, a pocos kilómetros de la Basílica de Covadonga, desde donde se iniciaría el trayecto del tren cremallera rumbo a los Lagos.

«El Gobierno regional, consciente de los problemas que representaba el acceso libre al Parque estableció el Plan Especial de Transporte hace doce años», explicó la diputada popular Marifé Gómez, en la Junta General del Principado, para añadir que «este sistema ha reducido el impacto ambiental de los vehículos, pero no satisfizo las expectativas de protección del paraje, por la creciente afluencia, ni las del turista que se encuentra con un paisaje modificado». En este sentido, «la alternativa ferroviaria sería una solución que permitiría compatibilizar la protección del medio ambiente con un control del número de visitantes».

El Parque Nacional de los Picos de Europa es el tercero en concurrencia turística de España con más de dos millones de personas anuales, de las cuales 900.000 acceden a través de los Lagos de Covadonga. Unas cifras que se traduce en numerosos atascos que el Plan de Transporte ha logrado paliar, pero no eliminar por completo. Los colapsos de tráfico continúan sucediéndose en los meses en los que el sistema de acceso mediante autobuses y taxis no está activo.

De hecho, esta semana el aparcamiento de La Tiese, junto al Ercina, fue un claro ejemplo de la masificación turística que presentan los Picos, incluso cuando ha terminado la temporada alta. Además, el pasado lunes se reiniciaron las obras de la carretera para reparar los hundimientos y proceder a asfaltar la mayor parte del trayecto. Unos trabajos que se repiten con cierta asiduidad a causa del elevado número de vehículos que transitan por una vía inicialmente concebida para el uso ganadero y que posteriormente, tuvo que reformarse por el creciente número de visitantes. Es la circulación de transportes pesados como los autobuses la que obliga al Principado a invertir varios millones de euros en la reparación de la carretera a los Lagos. De hecho, las obras que se están realizando actualmente en la vía fueron adjudicados en 716.556 euros.

Recuperar Buferrera

El proyecto inicial de la Consejería de Fomento incluía la posibilidad de recuperar el área de Buferrera. Según explicó en 1998 su entonces titular, Juan José Tielve, ese aparcamiento «fue un error desde el primer día y su infraestructura fue un crimen medioambiental hecho con sangre fría y que, a algunos, nos da hasta miedo usar, porque nos parece que así justificamos su existencia». El popular apostaba entonces por darle «otros usos» y recalcaba la necesidad del tren cremallera como forma de acceso «más limpia».

Según defendía entonces la Consejería de Fomento, el ferrocarril permitiría garantizar la conservación del Parque Nacional para el futuro. De hecho, la principal baza esgrimida por los populares en aquella época era que este tipo de infraestructura lograría reducir en más de la mitad la contaminación por persona en la zona. Se basaron en los estudios publicados por empresas como Renfe, en los que se explicaba, por ejemplo, que un coche diesel emitía 63 gramos de dióxido de carbono a la atmósfera por persona y kilómetro. En cambio, un tren cremallera como el contemplado en el proyecto podría reducir el impacto a 30 gramos por viajero en cada kilómetro del trayecto. Este argumento también ha sido recuperado por el PP para defender la propuesta actual.

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