Tres bandas de gaitas, un ramo y cien aldeanas para Santa Ana, en Naves

Las mozas vestidas de llanisca precedían a las andas de la santa.
Las mozas vestidas de llanisca precedían a las andas de la santa. / G. F.

Con gran éxito, el Coro Manín de Lastres, que en 2017 cumple 40 años, estrenaba ayer una pieza titulada 'A la madre del emigrante'

GUILLERMO FERNÁNDEZ LLANES.

En una mañana calurosa, la localidad llanisca de Naves celebraba ayer su día grande en honor a Santa Ana. Los navizos ofrecieron un interesante programa de actos con el traslado del ramo desde el barrio de La Jondera, misa cantada por el coro Manín, una procesión con presencia de tres bandas de gaitas, un ramo, más de cien niñas y mozas ataviadas de llanisca, tres estandartes y las andas con la imagen de la santa sobre un frenesí floral. La iglesia parroquial se encontraba abarrotada durante la eucaristía y el coro Manín, formado por 22 voces bajo la batuta de Faustino Martínez, se vio obligado a repetir una pieza titulada 'A la madre del emigrante', que ayer estrenaba la coral que en 2017 cumple 40 años.

Las bandas de gaitas Principado, L'Alloru y los Indianos de la Maleta al Agua, efectuaron pasacalles matinales y acompañaron el traslado del ramo hasta el templo. El ramo, de enormes proporciones, fue llevado a hombros en la procesión por Santiago García, Íñigo Solloa, Alejandro Martínez y Helge Molt.

Al término de la procesión, que recorrió las calles centrales del pueblo, llegaba el esperado momento del festival folclórico en el que el baile estrella, el que ponía broche de oro a la mañana, fue el Xiringüelu de Naves, una pieza que hace décadas coreografiaba el navizo Juan Manuel Alonso y que en la actualidad forma parte del repertorio de cualquier grupo de la comarca que se precie. De interpretarlo este año se encargó como bailín el joven Santi Galguera, acompañado por las mozas Pilar Casani, Alicia Carriles, Paula Llaca y Ana Amieva.

El resto de los bailes, el Fandango de Pendueles, el Quirosanu, las jotas de Tresmonte y Pajares y el Pericote, fueron acompañados a la gaita por Juan Oliver y Manolín Vela, mientras que del toque de tambor se encargaba el peñamellerano Gregorio Trespalacios.

Al llegar la tarde, cientos de romeros se trasladaban hasta la cercana finca del Polledu para participar en comidas campestres y empalmaban con la espicha vespertina.

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