Vecinos de Collera y Meluerda exigen accesos seguros a la playa riosellana de Arra

Estado de la escalinata de Arra tras el argayu de 2015. /  NEL ACEBAL
Estado de la escalinata de Arra tras el argayu de 2015. / NEL ACEBAL

«Todos los años tenemos que abrir nosotros unos pasos y colocar una cuerda para agarrarnos en la bajada», denuncian

JUAN GARCÍA RIBADESELLA.

En junio de 2007 se desmoronaba el último tramo de la escalinata de acceso a la riosellana playa de Arra. Diez años y medio después, todo sigue igual o incluso peor, ya que los argayos y desprendimientos en el acantilado se repiten cada temporada. Cansados de esperar por una solución que no llega, los vecinos de Collera y Meluerda vuelven a recordar que ellos siguen viviendo en sus pueblos y que la de Arra es su playa de referencia. «Es el pedregal más seguro de la zona, porque sus castros están situados en contra de la fuerza del norte de la mar, creando piscinas naturales como La Pocina o los pozos del Maestru, el Cura y el Casín, pozas tradicionales en las que nos hemos bañado desde críos y en las que nos queremos seguir bañando, así que a ver si alguien se mueve por nuestra playa», aseguró Carlos Piélagos, vecino de Collera.

La última referencia política en torno a la playa de Arra se remonta al mes de abril de 2015, cuando la presidenta del PP en Asturias, Mercedes Fernández, anunciaba que los 300.000 euros destinados a la reconstrucción de su acceso se pensaban desviar a un nuevo argayu, el de Monte Somos, en pleno paseo marítimo de la playa de Santa Marina. Desde entonces, la playa de Arra se mantiene en el más absoluto olvido administrativo. «La verdad es que es un dolor, porque este pedral se utiliza tanto en verano para el baño como en invierno y resto del año para la pesca deportiva y el marisqueo profesional», añadió Piélagos.

La inestabilidad que presentan los acantilados de Arra ha llevado a los responsables de la Dirección General de Costas a mirar hacia otro lado y a los habituales usuarios de la playa a jugarse la vida cada vez que deciden visitarla. «Sabemos que está prohibido, pero todos los años, con una azada, abrimos unos pasos y colocamos una cuerda a la que agarrarnos para tener mayor seguridad. Son unos treinta o cuarenta metros de altura, los últimos de la ladera, pero es lo que nos queda si queremos ir allí», añadió este vecino. A esta dificultad natural que presenta el acantilado, se une el abandono en el que se encuentra la finca previa al pedral. Según Piélagos «está hecho un matorral, porque nadie la limpia». Se trata de una pradera de titularidad privada que fue adquirida por una promotora durante la época de bonanza y expansión urbanística. «Así que, si antes estaba difícil llegar a Arra, ahora está más», afirmó.

El equipo de gobierno del Ayuntamiento de Ribadesella presidido por la forista Charo Fernández siempre ha responsabilizado por un igual a las dos administraciones de rango superior, Estado y Principado. La primera, como única administración competente en su ejecución y la que debe poner sobre la mesa el proyecto y el presupuesto necesario para la reconstrucción del acceso. La segunda, como responsable de la baja calificación que actualmente tiene la playa de Arra en el Plan de Ordenación del Litoral Asturiano (POLA). Según este documento, la de Arra es una playa de «nula o muy baja» ocupación, lo que la relega a la cola en la lista de inversiones.

El Consistorio y los vecinos entienden que es una playa de uso «medio e incluso alto», dependiendo de la época del año. También defienden que si no tiene más usuarios es debido «al mal estado de su acceso».

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