Veinticinco años sirviendo a los mayores

Eloy Ortiz, director, y Tomás Antuña, presidente del consejo de administración en la residencia. / JUAN LLACA

La Residencia Sierra del Cuera, ubicada en Lledías, cumple hoy un cuarto de siglo | Nació con la idea de que los residentes «se sintieran como en su casa, que estuvieran contentos y pudieran adaptar el entorno a sus costumbres»

GUILLERMO FERNÁNDEZ LLANES.

Hoy, 22 de julio de 2017, se cumplen 25 años de la inauguración en Lledías de la Residencia Sierra del Cuera y habrá fiesta en el centro. A partir de las 17 horas se celebrará una misa en memoria de todos los residentes fallecidos que pasaron por la instalación, actuará el Cuarteto Torner y la jornada finalizará con una espicha de confraternización amenizada con bailes y música de gaita y tambor. El proyecto surgía hace cinco lustros de la cabeza del médico Tomás Antuña Álvarez, que fue y sigue siendo presidente del consejo de administración de El Cuetu S. A., la entidad que gestiona la empresa. La residencia dispone en la actualidad de cien camas, 37 en habitaciones dobles y 26 individuales. El 50% están concertadas con el Principado.

Explicaba ayer Antuña que «los comienzos fueron muy difíciles porque nadie me creía. Decían que la idea era demasiado aperturista. Se me cerraron las puertas de las entidades bancarias y solo diez personas se atrevieron a entrar a formar parte de la sociedad». El espaldarazo llegaba en 1993, cuando el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso), la entidad que gestionaba la Seguridad Social del Gobierno de España, apostaba por concertar 20 plazas de las 60 con las que por aquel entonces contaba la residencia.

Eran épocas en las que nadie quería ingresar en un centro de estas características: «Los mayores, porque pensaban que iban a estar abandonados definitivamente y los hijos por pudor». No obstante, en la mente de Antuña primaba «romper el esquema clásico de los antiguos asilos, algo tétrico, lúgubre y oscuro». La idea motriz pasaba porque los residentes «se sintieran como en su casa, que estuvieran contentos y pudieran adaptar el entorno a sus costumbres de toda la vida, ya que aquí apenas hay restricciones en el día a día». Dos años más tarde, eran los propios clientes quienes ofrecían «la mejor publicidad» y en 1994 la ocupación «era superior al 90%».

Por si algo fallaba, la obra se acometió pensando «en transformar el edificio en hotel, algo que no fue necesario porque crecimos en el día a día. Salimos a flote y hoy somos la segunda empresa más importante del concejo de Llanes», concluye Antuña, quien ya piensa en ampliar en otras 20 plazas : «Más no sería conveniente porque perderíamos el concepto de familiaridad».

El 1 de febrero de 1997 a propietarios y residentes les tocaba la lotería. Ese día, el médico turonés Eloy Ortiz Cachero tomaba posesión como director del centro y comenzaba a poner en práctica novedosas ideas que rondaban por su cráneo privilegiado. Comentaba Ortiz que «la decisión de incorporarme, que fue arriesgada, resultó ser lo mejor que hice en mi vida». Hoy se siente «orgulloso, satisfecho y realizado profesionalmente. Trabajo a gusto, estoy contento y cuento con la posibilidad de crecer, hacer cosas novedosas en función de lo que me piden las personas que aquí residen», manifestaba.

¿El resumen de estos 25 años? Antuña y Ortiz responden al unísono: «Que el mocín de la película sea el residente, a quien hay que ofrecerle todas las posibilidades para que su vida sea lo más agradable posible».

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