La xíriga y las tejas, cosas de niños

Los pequeños tejeros, en el taller de xíriga en Llanes. /  JUAN LLACA
Los pequeños tejeros, en el taller de xíriga en Llanes. / JUAN LLACA

Una docena de pequeños aprendieron, mediante juegos, cómo era la vida y el argot de los tejeros llaniscos

L. RAMOS LLANES.

«Los tejeros de Llanes utilizaban algunas palabras que conozco porque son igual que en euskera, como 'bai', que significa 'sí'». Cuando la pequeña Maider Vidal, de ocho años y procedente del municipio vizcaíno de Santurtzi, se apuntó al taller 'La xíriga y los morranchos' que acogió ayer por la mañana la Casa de Cultura de Llanes nunca pensó que iba a descubrir las numerosas palabras que ella y sus paisanos tienen en común con los tamargos, hombres que en el siglo XVII abandonaban el concejo llanisco para trabajar en los alfares castellanos y vascos desde la primavera hasta el otoño.

Entre los participantes en la actividad hubo otros niños, como la llanisca Ana Palacios, de diez años, que también conocían algunas de las palabras de la xíriga, el argot utilizado por los tejeros hace más de medio siglo, pero en su caso porque éstas pasaron por tradición oral de sus antepasados a sus padres. Y es que, según explicó Mónica Balmori, encargada de impartir el taller, la cultura de los tamargos está intrínsecamente relacionada con la historia de Llanes y «prácticamente en todas las familias hubo alguno. Me pareció interesante, para complementar los talleres de xíriga que en años anteriores ofreció el Ayuntamiento, dar a conocer este mundo a los niños», apuntó.

Efectivamente, Nicolás Alonso, de cinco años y vecino de Bricia, quedó encantado. «Me gusta eso de tener un idioma que los demás no entiendan», aseveró, aunque reconoció que lo que más le prestó fue elaborar una teja con sus propias manos. También se afanaban en dejar perfectas las suyas las hermanas madrileñas Noega y Ereba Sánchez, de cuatro y seis años, quienes anunciaron su intención de contar con pelos y señales todo lo aprendido a sus amigos de la capital.

Pablo Berciano, por su parte, explicó cómo uno de sus abuelos fue tejero en su juventud. Quizás precisamente por llevar la tradición en la sangre demostró ser sumamente hábil a la hora de elaborar su teja. «No me parece complicado, creo que podría dedicarme a ello», aseveró.

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