La zona rural llanisca critica la falta de contenedores de reciclaje

Área de residuos sólidos de San Roque, uno de los pueblos donde piden contenedores de reciclaje. / N. A.
Área de residuos sólidos de San Roque, uno de los pueblos donde piden contenedores de reciclaje. / N. A.

San Roque, Celorio, Poo, Barro, Balmori y Los Carriles, entre otros, reclaman más depósitos para la separación de residuos en sus pueblos

LAURA CASTRO LLANES.

San Roque, Celorio, Poo, Barro, Balmori y Los Carriles han demostrado en sus concejos públicos su compromiso con el reciclaje exigiendo más contenedores para la separación de residuos. Una demanda que se vuelve fundamental ahora que se acerca la temporada estival y el concejo de Llanes ve multiplicada por tres su población. Una persona genera, de media, 1,25 kilos de basura entre orgánicos, plásticos, vidrios, papel y cartón. Una cantidad que con las avalanchas turísticas aumenta notablemente. Es por eso que los vecinos de varios pueblos del municipio exigen que se tomen medidas para mejorar el servicio de recogida de basuras.

«No reciclamos todo lo que deberíamos porque los únicos contenedores que hay están en la playa. No tiene sentido que estén ahí todo el año porque nos quedan muy a desmano», exponía en un concejo público celebrado recientemente una vecina de Barro. Un hecho que compartían el resto de residentes, quienes aseguraban que pedir que se recicle «es muy fácil, pero si no hay medios para hacerlo, es imposible». La demanda se repetía en el concejo público de Balmori celebrado un día después. «No hay suficientes contenedores de reciclaje para todos los vecinos, ¿cómo vamos a apañarnos cuando lleguen los turistas?», preguntaba una de las vecinas, quien añadía que «también hay que reforzar la asiduidad de la recogida, porque tres noches a la semana son insuficientes y más en verano».

Celorio es una de las localidades con mayor número de habitantes del concejo de Llanes, con 411 personas. «Los contenedores suelen estar desbordados y muchos ya optan por no reciclar porque no tienen dónde dejarlo», aseguraba una vecina. Celorio podría llegar a generar hasta media tonelada de residuos reciclables como plásticos o vidrios por día en verano. Una cantidad de vertidos que se suma a la de las otras 27 parroquias del municipio y que obliga a pensar en un 'plan b' para facilitar el reciclaje durante todo el año, pero con especial atención a los meses de masificación como son julio y agosto.

Celorio puede llegar a generar hasta media tonelada de residuos reciclables por día

Cuidar el paisaje del Oriente

La queja creciente y común de varias localidades del concejo ha obligado al Consistorio llanisco a tomar medidas al respecto. En este sentido se expresaba Enrique Riestra, regidor local, durante la celebración de un concejo público en Los Carriles, donde aseguró que «elaboraremos un pliego que recoja todas las demandas y condiciones para sacar el servicio a licitación y que sean las empresas las que se adapten a las necesidades de las localidades del municipio».

El Oriente de Asturias es una de las comarcas más visitadas de España y, por tanto, una de las más explotadas turísticamente. Los visitantes llegan en busca de las mágicas playas donde el azul del mar y del cielo se juntan rodeados por el típico color verde de Asturias. Un paisaje que nadie quiere ver empañado por la aparición de montañas de residuos y mal olor.

Según indica Cicloplast, referente de datos plásticos en el ámbito nacional e internacional, cada trozo de plástico sin reciclar es un desperdicio de energía y de recursos económicos. Lo mismo sucede con el vidrio, según Recíclame, que asegura que la energía que se ahorra del correcto tratamiento de una botella de vidrio puede iluminar una bombilla de 100 vatios durante 4 horas.

Contenedores cerrados

«Los cubos deberían tener tapa. Las gaviotas sacan la comida, rompen las bolsas y lo esparcen todo por la calle». Esta es una de las quejas más comunes de todos los residentes del concejo de Llanes. Tanto en la villa como en el resto de localidades, la mayoría de contenedores, a excepción de los de reciclaje, no están sellados ni tienen una tapa que proteja la basura de los animales en busca de comida.

Restos de frutas, servilletas y otros residuos orgánicos quedan esparcidos por las calles de todo el municipio tras el paso de las gaviotas. Una imagen que muchos vecinos están cansados de ver repetida día tras día. «Es una cuestión de imagen, pero también de salud. El olor es insoportable y más en verano con el calor. Especialmente si están cerca de los restaurantes o los bares, porque hay mucha más basura», explica un vecino de la capital del concejo.

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