El otoño cálido y con poca lluvia favorecerá las cosechas de fabes, manzana y maíz

Un apicultor recolecta la miel de sus colmenas. / SERGIO ÁLVAREZ
Un apicultor recolecta la miel de sus colmenas. / SERGIO ÁLVAREZ

La escasez de precipitaciones puede obligar a comprar forraje fuera, lo que encarecerá su precio, según los ganaderos y agricultores | Los apicultores constatan, sin embargo, que la producción de miel caerá a la mitad

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

Dice el dicho que nunca llueve a gusto de todos. Tampoco en el campo asturiano. Productores de faba, manzana y maíz de forraje agradecen el agua caída en los meses de un verano que hoy se despide para dejar paso a un octubre que se anuncia cálido y escaso en precipitaciones. Justo lo que esperan para poder recoger así una excelente cosecha. En el caso de la faba y el maíz forrajero, la producción podría ser incluso mejor que la del año pasado. También en las pomaradas se espera llegar a cantidades similares a las recogidas en 2015, el anterior año sin vecería y que fue el de la 'cosechona' de manzana de sidra.

Por el contrario, la mayor parte de los apicultores que han concluido la recolección o están a punto de hacerlo achacan a la escasez de precipitaciones que arrastra el Principado desde el pasado invierno el hecho de que la producción de miel se haya reducido notablemente. Hasta el punto de que, de algunas colmenas, no se haya sacado ni una sola gota de miel. Es la cara y la cruz de unas lluvias que si por algo se han caracterizado en los últimos años es por su irregularidad, tal y como manifestó el miércoles el delegado territorial de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Asturias, Manuel Mora. En apenas seis años la región vivió el año más húmedo de las últimas cuatro décadas (el de 2015), pero también el más seco (el de 2011).

Más noticias

«Desde el punto de vista hídrico, para los cultivos asturianos este año fue bueno porque, aunque el invierno y la primavera fueron más bien secos, sí llovió en verano y esa agua, para el campo, tiene más valor que la que puede caer en invierno, cuando apenas hay cultivos», constata Jorge García, director técnico de producción vegetal de la cooperativa Campoastur.

El tiempo, «determinante»

La gente del campo mira ahora al cielo con la esperanza de que las previsiones de la Aemet para el mes de octubre se cumplan. Porque «que no llueva en octubre es una bendición». En una semana comenzará la recolección de la manzana, en una cosecha que se prevé muy buena porque «agua tuvo suficiente. Ahora lo que necesita es sol y calor», apunta el técnico de Campoastur. Sol es lo que precisa la faba, que está a punto de recogerse y para la que la lluvia sería tremendamente perjudicial. Si ésta no aparece, la producción podría ser incluso mayor que la del año pasado. Por eso, dice Jorge García, el tiempo que haga las tres próximas semanas será «determinante».

También superior a la de 2016, tanto en cantidad como en calidad, se prevé la cosecha de maíz forrajero, que ya está en marcha. «Es de las mejores» -reconoce la secretaria general de Asaja, Geli González- y garantiza el alimento sobre todo para las vacas de leche. Peor pinta para los que dependen de los pastos de alta montaña, ya que la sequía en estas zonas fue mayor y ahora muchos se ven obligados a comprar forrajes fuera de Asturias. La cuestión es que como la sequía fue incluso más acusada en Castilla y León, principal mercado en el que se abastecen los ganaderos asturianos, éstos deberán pagar un precio muy superior al de 2016. Hasta diez céntimos más por kilo de paja que el año pasado, señala Geli González, preocupada porque «no está la situación en el campo como para tener muchas alegrías en los gastos».

Precio invariable

En plena recolección de miel están estos días en el interior de la región, una tarea que los apicultores de las zonas costeras ya concluyeron a primeros del mes de agosto. En este caso, la producción está siendo irregular. Hay áreas en que se mantienen las cantidades recogidas el año pasado o incluso aumentan ligeramente. Y otras en las que la caída ha sido brutal. El resultado, señala José Manuel Alonso, presidente de la Asociación Gijonesa de Apicultura, es que, en términos generales, la producción total será un 50% inferior a la de 2016. Tienen fácil el cálculo. La asociación que preside -integrada por 350 pequeños apicultores de toda Asturias- entregó el año pasado unos 12.000 tarros de un kilo para que envasaran la miel. Este año han despachado la mitad. Lo achacan a la sequía y la escasez de lluvias durante la pasada primavera.

Pese a todo, señalan que la calidad del producto asturiano no se ha visto alterada. Tampoco creen que una menor producción vaya a hacer variar el precio del kilo de miel, que en los últimos años se ha pagado a siete u ocho euros.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos