El recorte de cupos de la merluza y la xarda pone en peligro la flota del litoral

Varios pescadores preparan los aparejos en una embarcación para salir a faenar a la mar. / EFE
Varios pescadores preparan los aparejos en una embarcación para salir a faenar a la mar. / EFE

El Principado pide dinero al Gobierno central para compensar «la imposibilidad de tener una pesca que les permita vivir de forma razonable»

E. C. GIJÓN.

El resultado de la negociación de las cuotas de pesca para 2018 no satisface en Asturias. Tanto los pescadores como la Administración regional consideran que la pérdida de cuota, especialmente en los casos de merluza y xarda, es muy negativa para la flota de litoral del Principado, hasta el punto de que la consejera del ramo, María Jesús Álvarez, afirmó que provoca la «imposibilidad de tener una pesca que permita vivir de forma razonable». Es más, ha reclamado ya al Gobierno central compensaciones económicas para paliar «el daño que se hace a la flota de artes menores».

Álvarez denuncia, al igual que vienen haciendo los propios pescadores, que un deficiente reparto de las ya de por sí exiguas cuotas hace que la flota de arrastre no llegue a completar el cupo que tiene asignado, mientras las artes tradicionales agotaron este año su cuota en junio y tienen que subsistir el resto del año con el 'sobrante' que esta distribución genera.

Los acuerdos alcanzados en Bruselas suponen un aumento de las cuotas, en el Cantábrico, de chicharro (cerca del 21%), gallos (casi el 20%) y rayas, salvo la llamada mosaico (un 15%), según los datos del Principado, que se refieren a las cuotas asignadas a España en la denominada zona VIIIc, que comprende una franja litoral desde Finisterre a Irún.

La Administración regional refleja el parecer de los pescadores asturianos, cuyos representantes coinciden en señalar que los acuerdos, aunque previsibles, asestan un «duro golpe» al sector pesquero asturiano, en palabras del presidente de la Federación de Cofradías de Pescadores, Dimas García.

«Muy negativo», dijo García sobre el resultado de la negociación, porque rebaja la cuota de dos especies muy importantes para la flota regional, como la merluza y la xarda, que, a su juicio, no queda compensado por el aumento de pesquerías «complementarias» de gallo y rayas. En similar sentido, manifestó que el aumento de las posibilidades de pesca de chicharro es significativo, pero prácticamente solo favorece al cerco, arte que en Asturias utilizan cinco barcos, mientras que de la merluza dependen más de medio centenar de embarcaciones de artes menores, cerca de diez volanteros y una veintena de palangreros de fondo.

Respecto a la xarda, los números tampoco le salen al presidente de la Federación de Cofradías, representante de la flota artesanal. «El año pasado nos aumentaron la cuota 600 toneladas porque nos las habían quitado anteriormente sin razón y, aún así, solo pudimos trabajar nueve días. En 2018, sin esas 600 toneladas y con una rebaja del 20%, en cuatro días liquidamos».

Más crítico aún se mostró Víctor Lanza, presidente de la Asociación de Armadores de Artes Fijos Cantábrico-Noroeste, quien apuntó que «ya lo tomamos a broma, porque siempre es la misma película». «Está todo montado para favorecer a los grandes y al modelo de pesca artesanal no lo defiende nadie, de forma que se provoca el desguace de barcos, gente desmotivada y multas. A la ministra le dieron una medalla por perseguir la pesca ilegal, pero durante la costera del bonito hay barcos irlandeses trabajando con redes pelágicas que no declaran un solo kilo de bonito».

«Recorte no justificado»

Lanza fue más allá al sospechar que, aparte del 13% de merma en la cuota de la llamada merluza sur, es decir, la de la zona VIIIc antes mencionada, la reducción del 7% en la merluza norte (Gran Sol) sirve también para encarecer la actividad de los barcos que tienen que comprar derechos a otros. «Es un recorte que no está justificado -dijo Lanza- porque es una pesquería que lleva varios años cumpliendo con el Rendimiento Máximo Sostenible, así que da la impresión de que quienes tienen en propiedad derechos de pesca para vender quieren sacar más dinero por ello».

Sin suspicacias, el presidente de la Asociación de Armadores de Palangre del Cantábrico (Arpacan), Jacinto González, coincidió en expresar su incomprensión ante el recorte en Gran Sol. «No sé en qué se basan -dijo- porque el caladero goza de buena salud. Siempre hacen una propuesta terrorífica que luego matizan, pero la reducción es excesiva».

La flota asturiana de palangre de fondo que faena en Gran Sol también se siente perjudicada, ya que a la mayoría de los armadores les toca comprar, no vender, cuota a barcos de Galicia y el País Vasco, fundamentalmente. Jacinto González augura un encarecimiento de los precios debido a «la ley de la oferta y la demanda. Si se reduce la cuota de merluza, será más cara».

En Madrid las cosas se ven de forma diferente, salvo en el caso de las organizaciones conservacionistas, como Ecologistas en Acción, que asegura que «los ministros de pesca de la UE juegan con el futuro de la pesca a puerta cerrada», y Océana, que colige de la negociación que «los ministros de la UE deciden perpetuar la sobrepesca en el Atlántico en 2018».

La Confederación Española de Pesca (Cepesca), organización que agrupa a grandes armadores, defiende que España ha conseguido «cierta estabilidad», aunque advirtió de la posición cada vez «más radical» del comisario europeo de Pesca, Karmenu Vella, a favor de tener en cuenta, únicamente, los criterios de sostenibilidad medioambiental y «despreciar los sociales y económicos».

En la misma línea, la ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, hizo una «valoración positiva» del Consejo, «ante una propuesta durísima por parte de la Comisión Europea, de la misma manera que lo ha sido el proceso de negociación», y estimó que el resultado final va a dar «estabilidad a la flota y al empleo que lleva asociado».

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