Renfe gasta más de 660.000 euros en limpiar los 200 grafitis que sufre cada año

Renfe gasta más de 660.000 euros en limpiar los 200 grafitis que sufre cada año
Unidad de Feve pintada el pasado mayo en Gijón. / PALOMA UCHA

El dinero «repercute en la cuenta de resultados y en los contribuyentes», lamenta. Los vándalos llegan a detener trenes en marcha para pintarlos

RAMÓN MUÑIZ GIJÓN.

Debía desplazarse de Gijón a Avilés y recurrió al ferrocarril. Lo que encontró Armando Fernández Bartolomé fue un tren con sorpresa incorporada. Varias personas habían marcado el vagón con una enorme grafiti que opacaba los ventanales. «Es un disparate que un servicio que pasa por Perlora y tiene un potencial paisajístico tremendo, no permita vislumbrar por las ventanas; si encuentra eso un turista le da un pasmo», lamenta este diputado de Ciudadanos.

El pasado año Renfe registró ataques grafiteros a un ritmo de cuatro por semana en Asturias. Al cabo del año fueron 209 trenes y marquesinas manchadas, lo que le ocasionó un desembolso que ronda los 662.000 euros, según datos de la sociedad. Es un esfuerzo «que repercute en la cuenta de resultados de la compañía y en todos los contribuyentes españoles, ya que finalmente estas partidas salen de los Presupuestos Generales del Estado», lamentan desde Renfe. Equivale a un tercio de la factura eléctrica de los cercanías de ancho convencional. Si los clientes tuvieran que hacer frente a la factura, verían sus billetes encarecerse una media de nueve céntimos por viaje.

El problema es general. Según los datos desvelados ayer por el Observatorio de Civismo en el Transporte Ferroviario, el pasado año se registraron en todo el país una media de 3,52 grafitis en trenes por cada millón de viajeros, un 50,6% más que en 2016. Es el dato más preocupante de su balance anual, junto al incremento del 114% en las agresiones sexuales y acosos sucedidos en los vagones de todo el país.

Reparar las pintadas implica tener al tren fuera de servicio «desde ocho horas, si la acción es mínima, hasta siete días si es de mayor calado», comenta la operadora. Los esprays utilizados tienen componentes ácidos y de secado rápido, por lo que su limpieza termina arruinando la película antigrafitis del convoy, dejando su chapa más expuesta ante futuros episodios.

«En Florida y Bendición han llegado a tirar ruedas en la vía para forzar al maquinista a detenerse para pintar», cuenta Luis Blanco Junquera, presidente del comité de empresa. Es una forma de operar que también se vio en enero en Galicia, cuando unos encapuchados actuaron de forma coordinada para echar un tronco y frenar un convoy el tiempo suficiente para enlutarlo con pintura.

Movimientos en la noche

De momento, la mayoría de los grafiteros optan por 'trabajar' de noche, aprovechando que los trenes están parados y descuidados. «Estamos hartos de decirle a la empresa que debe volver a poner seguridad, que lo que no gastan en vigilantes nocturnos lo están pagando en limpieza de grafitis», lamenta Blanco Junquera.

Desde la compañía ponen el acento en el riesgo que los propios grafiteros corren, «invadiendo vías por las que circulan otros trenes y mediante acciones que llegan a incluir apedreamientos también ponen en peligro a los viajeros, maquinistas, vigilantes, policías y empleados de Renfe». Para repeler estas actitudes, la sociedad denuncia los hechos.

El Observatorio del Civismo indicó ayer que «la envergadura del fenómeno desborda las competencias y los medios de los operadores» y cuestionó la «progresiva despenalización de este fenómeno delictivo, degradado primero de daños a deslucimiento de bienes, para finalmente desaparecer del Código Penal en su última reforma».

El afeamiento de los trenes por los pretendidos artistas urbanos es solo uno más en la lista de problemas que enfrenta Renfe en la región. Ayer mismo la división de ancho métrico (la antes llamada Feve) sufrió 33 supresiones por averías en los trenes.

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