El plan antiacoso en las aulas deberá ser activado en menos de tres días tras la denuncia

Un niño, apenado, a la salida del colegio. / R. B.
Un niño, apenado, a la salida del colegio. / R. B.

El nuevo reglamento que redacta la Consejería de Educación incluye como bullying reírse de otro alumno con mensajes de móvil o en redes sociales

E. RODRÍGUEZ GIJÓN.

El protocolo contra el acoso escolar en las aulas asturianas data de 2006 y aún sigue en vigor. Sin embargo, en doce años ha cambiado mucho la realidad de los colegios e institutos con el uso de los teléfonos móviles y la aparición de las redes sociales que se han convertido en la vía de hostigamiento más grave. Consciente de que hay que luchar contra el bullying y de que es preciso actualizar este reglamento, Educación ha elaborado un modelo, aún abierto a cambios, que ya ha presentado a los directores de Primaria y Secundaria, quienes coinciden en la necesidad de una puesta al día.

En un anexo de este documento, la consejería estipula una serie de plazos en los que actuar. En el caso de existir una denuncia, no se puede tardar más de tres días lectivos en poner en marcha el protocolo ni transcurrir más de quince sin enviar un informe a Inspección con las comprobaciones, el plan de actuación y el procedimiento seguido con la familia. Y desde que exista un plan de actuación no podrán pasar más de veintidós sin que Inspección reciba otro de seguimiento.

Al respecto, los docentes aclaran que, en el caso de que se compruebe que sí ha habido una agresión del tipo que sea, pero puntual y no es acoso, habrá otro modelo para comunicarlo y no será necesario hacer todas las gestiones por abuso.

Al igual que en el de 2006, el protocolo pide que se haga constar en qué lugares se ha producido el supuesto hostigamiento. Al aula, el patio, los pasillos, los aseos y el gimnasio o a la entrada y salida del centro, se unen ahora dos más: la cafetería y el autobús o algún otro tipo de transporte escolar. Expertos como Andrés Bellido -artífice del programa Tutorías entre Iguales- recuerdan que los comedores es uno de los lugares donde más casos se producen.

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Otra de las novedades es que el informe ya no lo elaborará solo el jefe de estudios, sino un equipo formado por cuatro personas: el director, el jefe de estudios, el orientador y el tutor del grupo. Los directores ya avanzaron que parte de sus alegaciones aludirán a los plazos de presentación de informes en caso de denuncia, que ven «algo ajustados», y en otras se pedirán cambios para que en el protocolo no figure categóricamente si el equipo considera que hay acoso o no, sino posible acoso o no.

El documento es mucho más exhaustivo sobre los modos de acoso, siempre dejando claro que para determinar si hay hostigamiento, hay que tener en cuenta cuatro factores: si hay desequilibrio de poder e indefensión; intencionalidad en hacer daño, personalización (ir a por una persona en concreto) y repetición.

En el anterior documento, la consejería establecía cinco clases de abuso y, dentro de cada una, apenas había un par de epígrafes sobre qué acciones se podían considerar como tal. Así, hablaba de exclusión y marginación social (ignorar a alguien); agresión verbal reiterada (insultar/hablar mal de alguien); agresión física reiterada; agresión psicológica reiterada (amenazar a alguien para meterle miedo/obligarle a hacer cosas/poner motes y extender rumores) y acoso o abuso sexual.

En cambio, el borrador -el plazo para presentar alegaciones por los equipos docentes acabó el 16 de febrero- entra más al detalle en los modos de acoso y las actitudes y acciones que pueden calificarse como tal si son reiteradas. Amplía de cinco a ocho los apartados e incluye, por primera vez, el ciberacoso, una categoría en la que hace constar las amenazas, insultos o el reírse de otra persona mediante mensajes de móvil, mail, redes sociales o chat. También recoge las grabaciones de smartphones en situaciones vejatorias o que violen la intimidad para pasarlo a los compañeros y colgarlas en la red.

Homofobia y discapacidad

Otro de los apartados nuevos es el abuso por razones de raza, orientación sexual o extranjería, en las que se incluyen la intimación, la humillación, las ofensas, los insultos o agresiones por diferencias personales en este sentido. Este tipo de discriminación también se hace constar en el primer apartado -la exclusión y marginación social- en la que, además, figura el aislamiento por discapacidad de niños y jóvenes.

Esas dos nuevas categorías son la principal novedad. Aunque hay mas cambios. Dentro de las agresiones físicas, la consejería establece un desglose. No solo se considerará abuso los golpes reiterados a alguien, sino también lo que se denominan agresiones físicas indirectas. Esto es, esconder cosas a alguien, rompérselas y robárselas.

Y, además, dentro de la agresión psicológica reiterada -que ahora se recoge como 'Intimidación, chantaje y amenaza'- aparece la amenaza con armas. El quinto cambio es que dentro del acoso y abuso sexual también se alude al acoso sexista.

Hasta ahí la clasificación junto a la que hay una serie de casillas en las que los equipos directivos podrán marcar si estas actitudes existen o no y si se han producido de forma puntual o reiterada.

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