«Me preguntan qué es lo que como para dar una leche tan buena»

Silvia García, en su casa de Corvera, con la bomba que utiliza para extraerse la leche para sus gemelas y para donar. / MARIETA
Silvia García, en su casa de Corvera, con la bomba que utiliza para extraerse la leche para sus gemelas y para donar. / MARIETA

La avilesina Silvia García es la donante más veterana. Madre de un niño de cuatro años y dos mellizas de 18 meses, ha entregado 34 litros

L. MAYORDOMO GIJÓN.

La avilesina Silvia García es una de las «superdonantes» con que las que cuenta el banco de leche materna del HUCA. Es, además, la más veterana. Comenzó a colaborar con él a las tres semanas de que empezara a funcionar y, desde entonces, ha entregado 34 litros de una leche que «me dicen que es estupenda, muy calórica y con un alto contenido de grasa buena». Es de tanta calidad que, bromea, «me preguntan qué es lo que como para tener una leche así de buena». ¿Y qué come? «Pues la verdad es que nada especial. Suelo comer variado y, sobre todo desde que tuve a las mellizas, por las noches un par de onzas de chocolate o frutos secos, que me los pide el cuerpo». Para esta enfermera ahora en excedencia, madre de un niño de cuatro años -al que amamantó hasta el pasado verano- y de dos niñas de 18 meses, la donación le supuso, en un primer momento, «un alivio, porque no así no tiraba la leche que tenía».

Porque, cuando supo de la existencia del banco -a través de Amamantar, organización con la que colabora-, pensó en llevar allí toda la leche que tenía almacenada «en los congeladores de media familia», más de lo que necesitaban sus hijos y que «mi conciencia no me permitía tirar». Sin embargo, los estrictos protocolos establecidos para la extracción, conservación y transporte de la leche que se va a donar le impidieron aprovechar ese material y tuvo que empezar de cero.

Ahora, pasados los meses, reconoce que la donación «es un poco una manera de resarcirme de no haber tenido con las mellizas una lactancia plena como la que tuve con el mayor». Por problemas de agarre de las niñas, prácticamente desde su nacimiento ha dependido de un extractor para poder darles su leche.

Al día se realiza cuatro extracciones, de unos 40 minutos cada una, de las que obtiene en total 800 mililitros de leche. Tres de esas extracciones le sirven para atender a las necesidades de sus hijas y la cuarta, va íntegra para el banco del HUCA. Su experiencia le lleva a afirmar que la cantidad de leche aumenta en función del agua que ingiera. Ella toma medio litro antes y otro medio después de cada extracción para mantener esa elevada producción.

«Lo de donar es una manera de que otros niños puedan beneficiarse de todas las bondades que tiene la lactancia materna que, en el caso de niños prematuros, con un sistema inmunológico y un intestino tan poco desarrollados, es algo muy positivo». Por eso ella, que también es donante de sangre y órganos, piensa seguir donando leche «mientras siga teniendo excedentes». Pese a los inconvenientes que le supone tener que desplazarse a Oviedo. Es una de las donantes que reclama que las entregas de leche puedan realizarse en otros hospitales. «Yo preferiría hacerlo en el de San Agustín. Y no le veo la complejidad porque la recogida de leche y su traslado al HUCA es algo tan básico como lo que se hace con las muestras de sangre o tejido. Lo único que se requiere es voluntad», subraya.

No acaban ahí sus reclamaciones. También considera que «la Administración debería invertir en una mayor formación de los profesionales y en dotar a las madres de mejores bombas de extracción», para fomentar por un lado la lactancia materna y, por otro, la donación de leche.

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