El preso 'resucitado' solicita el alta para regresar a la cárcel de Asturias

Gonzalo Montoya, en una imagen tomada y difundida por su familia. /
Gonzalo Montoya, en una imagen tomada y difundida por su familia.

«Si no le dan la libertad haremos una huelga», anticipa la familia. Su abogado presenta la denuncia para indagar si hubo «un posible delito»

R. MUÑIZ OVIEDO.

A las 17 horas la Guardia Civil trasladó en un furgón al preso Gonzalo Montoya desde el Hospital Universitario Central (HUCA) hasta la prisión. Es el 'resucitado', el reo que en la mañana del 7 de enero fue dado por muerto por dos médicos y un forense, tras encontrarle azul, rígido y sin aparentes signos vitales. Estaba en una bolsa, cerca de que le practicaran la autopsia, cuando el personal del Instituto de Medicina Legal se percató de que vivía y lo derivó al centro hospitalario.

Tras 16 días de ingreso y atenciones médicas, Montoya solicitó ayer a primera hora el alta voluntaria. «Llevaba con ataques de ansiedad desde la noche anterior, muy agobiado», explica su mujer, Katia Tarancón. «Decía que estaba muy agobiado, con muchos nervios, que quería que le diera el aire y que en la cárcel al menos respiraba, entrena y juega al fútbol», confirma su padre, José Carlos Montoya.

Los familiares trataron inútilmente de contenerlo. «Me dijo que se le hacía duro no ver a los niños pequeños, que no podían pasar, y verme marchar a mí cada noche a casa, saber que estoy al lado; también que lleva tres años sin ver las calles y ahora las podía mirar desde el cristal», comenta Tarancón. Su disgusto y preocupación es notable. «Los médicos, las enfermeras y los policías se han portado muy bien en el hospital, pero cuando se marchó le toqué y todavía tenía fiebre», indica.

La actitud del reo redobla el pesar de la familia. Gonzalo Montoya les explicó hace más de un año a ellos y a los psicólogos de la prisión que había intentado ahorcarse. Esta vez, tras ver a su mujer y a uno de sus hijos en un vis a vis se intoxicó con drogas y barbitúricos, entrando en un coma que confundió a los vigilantes y médicos que lo encontraron en la celda. El miedo de los parientes es «que vuelva a hacerlo, que se quite la vida».

«Él mismamente es que no sabe lo que pasó esta vez, solo recuerda estar dentro de una bolsa negra, y nosotros tampoco se lo comentamos mucho para no agobiarle», señala el padre. Los planes de la familia pasan ahora por tramitar el indulto, permisos y la posibilidad de concederle un tercer grado, además de procurarle atención psicológica «porque no está bien», dice su mujer. «Estamos pensando hacer una huelga ante la cárcel si no le dejan salir», añade.

En el ámbito judicial ya han dado sus primeros pasos. Luis Tuero, letrado que les lleva el caso, registró en el juzgado de guardia una denuncia solicitando que se investigue los motivos por los cuales se le dio por muerto «para ver si hay algún hecho que pueda ser constitutivo de delito» por imprudencia, explica el penalista.

El preso entró en prisión el 27 de febrero de 2015, a cumplir lo que en ese momento era una pena de dos años por robo continuado con fuerza. Había sido sorprendido entrando dos días en la sede de Capsa, para llevarse 20 kilos de chatarra y un manómetro que devolvió a los agentes. La empresa valoró el material sustraído en 3,6 euros. El dato figura en la pericial que no fue incluido en una sentencia que se limita a recordar que saltar el muro basta para calificar los hechos de robo con fuerza. La pena no fue suspendida al constarle a Montoya antecedentes que en ese momento se ceñían a haber sido sorprendido conduciendo sin carnet.

El preso arrastraba, eso sí, causas abiertas por asaltos anteriores. Meses después fue condenado a un año más de prisión por el robo de seis bastidores tasados en 350 euros. En 2016 sumó medio año más de privación de libertad por seis aparatos de aire acondicionado tasados en 1.374 euros. El año pasado un juez le puso dos meses de trabajos en beneficio de la comunidad por tratar de llevarse un motor valorado en 8.445 euros. Si nada cambia, saldaría sus penas en agosto. Hasta ahora se le negaron los permisos por mal comportamiento.

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