El Principado descarta crear otra etiqueta para la sidra de Asturias

Los cosecheros Fernández Sopeña y José Ángel Poladura, con el concejal José Fernando Díaz y la diputada Paula Valero ante el Ayuntamiento de Villaviciosa./ JOSÉ SIMAL
Los cosecheros Fernández Sopeña y José Ángel Poladura, con el concejal José Fernando Díaz y la diputada Paula Valero ante el Ayuntamiento de Villaviciosa. / JOSÉ SIMAL

«Quien quiera sidra asturiana, que pague treinta céntimos más y consuma Denominación», afirma el director general de Desarrollo Rural

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

«El que quiera tomar sidra asturiana, tiene que beber DOP». El director general de Desarrollo Rural y Agroalimentación, Jesús Casas, es contundente: ya existe una etiqueta que certifica la procedencia de la materia prima de esta bebida autóctona y es la de la Denominación de Origen Protegida Sidra de Asturias.

Esta marca de calidad, a la que pertenecen 31 llagares y 322 productores que cultivan un total de 842 hectáreas de manzanos, representa aproximadamente, según Casas, un 5% del mercado total de la sidra en Asturias. El resto es consumo de sidra común, que se fabrica con manzanas tanto autóctonas como foráneas. Su elaboración no está sujeta a los exhaustivos controles que sigue la sidra DOP, que, además, hasta esta temporada solo podía ser fabricada con 22 variedades de manzana -76 a partir de la próxima-.

Los pequeños productores independientes reclaman al Principado un etiquetado específico para la sidra que no está regulada -la común- en el que se indique la procedencia de la manzana. Así, creen, el consumidor pediría explícitamente más sidra elaborada con manzana de Asturias, lo que llevaría a una reducción de las importaciones y, mantienen, disminuiría el excedente de manzana en la región en años de buenas cosechas como éste. Sin embargo, en opinión del director general de Agroalimentación esta reivindicación no tiene razón de ser: «La sidra asturiana está perfectamente etiquetada como DOP. No hay que generar confusiones en el mercado con otra etiqueta. Y el consumidor tiene que pedirla y diferenciarla».

El mercado de sidra con Denominación de Origen es el 5% del total

El director general recuerda que «cualquier lagarero que quiera etiquetar la sidra puede hacerlo -sumándose a la DOP-, lo único que tiene que hacer es someterse a un sistema de trazabilidad». Aunque, puntualiza, «evidentemente, si no la vende, no la va a fabricar». Es decir, ya que adscribirse a este etiquetado es totalmente voluntario, la decisión de los transformadores dependerá de que ese 5% del mercado que representa actualmente la sidra DOP aumente. «Este es un sistema de libertad, cada uno planta la manzana que quiere y fabrica la sidra como quiere de acuerdo con la demanda del mercado», precisa.

Siguiendo con este planteamiento, esa libertad de mercado permite a los lagareros importar la cantidad que consideren para completar la producción de manzana autóctona y elaborar sidra común. «Aquí no hay fronteras. Tenemos que defender nuestro producto con calidad, precio y profesionalidad», opina. Y frente al libre mercado, la Administración regional no puede hacer más que «garantizar la transparencia para el consumidor».

Los pequeños cosecheros piden al Principado, además de un etiquetado para toda la sidra, que elabore un censo de las pomaradas de la región para controlar la producción. Por su parte, Jesús Casas incide en la necesidad de profesionalizar el sector: «Los censos son de profesionales y las pomaradas que están en la DOP están perfectamente censadas», sostiene. «Son los productores quienes tienen que mostrar iniciativa y agruparse. Esto no es un sistema paternalista. Podemos proporcionar orientación, pero no obligarles a que se organicen», insiste.

Los agricultores «deben solucionar con gestión la vecería, tener una estimación de la cosecha, firmar contratos con tiempo suficiente...». Así, remarca, es imperativo «formalizar el sector de la manzana de sidra».

«Debemos ir a producciones más homogéneas y contratos más estables porque no puede ser que en noviembre estemos pensando dónde vender la manzana». Y para que no se repita una situación de excedente como la actual, «lo lógico es saber de antemano los niveles de producción de las pomaradas y planificar la demanda de los lagares». «No es nada novedoso ni excepcional: ocurre con las naranjas en Valencia, con los tomates en Murcia...», enumera. En definitiva, concluye, «hay que mejorar la organización del sector desde una perspectiva económica y empresarial».

Los productores de manzana y los lagareros son dos de los actores implicados en el sector de la sidra, pero las ventas dependen de un tercero: el consumidor. Su responsabilidad pasa, considera el director general de Desarrollo Rural y Agroalimentación, por «distinguir» una sidra de otra y «decidir» si está dispuesto a pagar más por un producto de procedencia certificada, ya que «es él quien tiene que pedirla». «Se trata de un tema puramente económico: la cuestión es si estamos dispuestos a pagar esos treinta céntimos más», sentencia.

Sin control

Por su parte, el veterano productor José Luis Rubiera, que durante muchos años fue presidente de la Agrupación Asturiana de Cosecheros de Manzano de Sidra, tiene claro que «si no está todo en DOP porque no se vende, el consumidor tiene que saber al menos lo que lleva la sidra común». Para este productor, ya jubilado, «hay que definir cuál es una y cuál otra». La DOP «ya está clara», pero sobre la sidra común «que no es necesariamente de Asturias, no existe ningún control». «No ofrece garantías, no se especifican en la etiqueta sus cualidades ni procedencia... Y el consumidor tiene que saberlo», defiende.

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