Las protestas se extienden por el Mediterráneo y el País Vasco

E. C. GIJÓN.

Ocurrió cerca del Camp Nou el 24 de julio. Cuatro encapuchados asaltaron un autobús turístico en Barcelona, impidieron que prosiguiera su ruta y escribieron una pintada en la parte delantera en la que se podía leer en catalán: 'El turismo mata los barrios'. También pincharon una rueda.

Casi una semana después, Arran -la organización juvenil de la izquierda independentista de Cataluña vinculada a la CUP- reivindicó el ataque. En la red social Twitter, señalaba que «no es 'turismofobia, es autodefensa contra el barriocidio'» y añadía que «el turismo masivo mata los barrios, destruye el territorio y condena a la miseria a la clase trabajadora», por lo que la organización lucha «contra un modelo turístico depredador» y «asesino» que «genera puestos de trabajo precarios y temporales, gentrifica las ciudades (transformación de zonas degradadas para la ocupación de clases acomodadas) y solo genera beneficios para unos pocos».

En Palma y Peñíscola

El suceso no se limitó a Barcelona, pues Arran organizó una protesta contra el turismo frente al muelle viejo de Palma de Mallorca con pancartas y bengalas para pedir que «se pare el turismo masivo que destruye Mallorca y condena a la clase trabajadora de los países catalanes a la miseria». Anteayer, Peñíscola también amaneció con pintadas y, en San Sebastián, la organización juvenil de la izquierda abertzale Ernai ha convocado una manifestación para el día 17.

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