Un proyecto que se retoma veinte años después

Juan José Tielve, en 1998, con un mapa de los Picos de Europa . / EFE
Juan José Tielve, en 1998, con un mapa de los Picos de Europa . / EFE

Se calculó que el tren cremallera invertiría en su recorrido entre 15 y 20 minutos y tendría una capacidad para casi 900 pasajeros cada hora

LAURA CASTRO CANGAS.

El proyecto del tren cremallera ya ocupó el debate en la región en el año 1998, con el popular Sergio Marqués al frente del Principado. La propuesta partía de la Consejería de Fomento, dirigida entonces por Juan José Tielve, quien se desplazó a Suiza a finales del 97 para estudiar sobre el terreno el funcionamiento de los trenes de montaña. El proyecto planteaba una inversión no inferior a los 2.300 millones de pesetas, mil más que el funicular a Bulnes, y presentaba un trazado de 10 kilómetros que partía desde el Repelao, una zona próxima a Covadonga, hasta las inmediaciones del Lago Enol, a 1.070 metros de altitud.

Se calculó que el tren cremallera invertiría en su recorrido entre 15 y 20 minutos y tendría una capacidad para casi 900 pasajeros cada hora. Además, la Consejería de Fomento anunció en esa época su intención de prohibir el acceso de vehículos particulares a los lagos de Covadonga, una vez que entrara en funcionamiento el servicio del tren.

Por aquel entonces, tanto el Partido Socialista de Asturias como los grupos ecologistas expresaron su oposición. La exconsejera de Medio Ambiente, María Luisa Carcedo, declaró en aquella época que «más que un parque nacional parece que estamos ante un parque de atracciones». Así mismo, señaló que el tren cremallera es «una infraestructura que en absoluto se justifica y que nada tiene que ver con un aprovechamiento sostenido del paraje y tampoco con la conservación del espacio protegido».

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