¿Ha querido hacerse daño alguna vez?

Mini entrevista para valorar el grado de riesgo de suicidio en una persona. / E. C.
Mini entrevista para valorar el grado de riesgo de suicidio en una persona. / E. C.

Sanidad diseña el primer plan para prevenir conductas suicidas en Asturias, donde en 2015 hubo 135 muertes por esta causa | Cuando se detecte riesgo, los pacientes deberán ser atendidos en diez días en Salud Mental. Luego, serán controlados durante un año por los facultativos

LAURA FONSECA GIJÓN.

-Durante el último mes, ¿ha pensado que estaría mejor muerto? (1 punto).

-¿Ha querido hacerse daño? (2 puntos).

-¿Ha pensado en el suicidio? (6 puntos).

-¿Ha planeado cómo suicidarse? (10 puntos).

-¿Ha intentado suicidarse? (10 puntos).

-A lo largo de su vida, ¿alguna vez ha intentado suicidarse? (4 puntos).

Si tras responder a estas seis preguntas la suma total se sitúa por encima de los diez puntos, estaríamos ante un alto riesgo de suicidio. Entre seis y nueve, se trataría de un riesgo moderado y de uno a cinco, leve. Esta es la mini entrevista neuropsiquiatra que dispondrán los especialistas del Servicio de Salud del Principado (Sespa) para intentar detectar de forma anticipada conductas suicidas entre pacientes que acuden a consulta o que sean atendidos en las urgencias y en diferentes servicios de los hospitales. La Consejería de Sanidad pondrá en marcha un plan de actuación que intentará reducir la tasa de suicidios en la región, que se sitúan entre las más altas del país. Un grupo multidisciplinar de trabajo, coordinados por la Unidad de Coordinación de Salud Mental que dirige José Ángel Arbesu, viene trabajando en la elaboración de un protocolo de riesgo suicida. En el mismo han trabajado los psiquiatras Julio Bobes, Pilar A. Saiz y Juan José Martínez Jambrina (Psiquiatra), el psicólogo clínico Juan García Haro, la enfermera Silvia Díaz Fernández, la médica de Atención Primaria Tatiana Fernández Alvarez y la trabajadora social Julia Pérez Lanza. El borrador ya ha sido concluido y remitido a 47 revisores externos sanitarios y no sanitarios. La pretensión de Sanidad es que el mismo esté operativo antes de finalizar el año.

En Asturias, cada año más de un centenar de personas se quitan la vida. En 2015 hubo 135 muertes por esta causa, lo que da cuenta de un suicidio cada 2,7 días. Históricamente, el Principado ha sido una de las comunidades con mayor tasa de suicidios consumados. Pese a esta situación, la región carecía de un plan de prevención, desoyendo así las voces de muchos los especialistas que llevan años clamando por medidas que permitan atajar el problema. Un grupo de expertos ha diseñado el primer documento que se enmarca dentro del futuro plan de salud mental.

Los médicos indagarán en la situación socio familiar del enfermo y si sufre estrés o ansiedad Se habilitará un código en la historia clínica para registrar estos episodios

El Principado quiere anticiparse al suicidio y detectar conductas de riesgo. Para eso, los especialistas han preparado un protocolo de atención a la persona en riesgo de suicidio que propone actuar en varias direcciones. La primera de ellas y fundamental, es abordar el problema en las consultas de los centros de salud, los hospitales, las urgencias... El suicidio entrará en la historia clínica de los pacientes. Sanidad creará un código en los sistemas informáticos de los diferentes centros sanitarios, Millenium (HUCA), Selene (resto de hospitales) y OMI-AP (Atención Primaria) donde quedará registrado desde comportamientos autolíticos, ideas de suicidio, intentos, planes de quitarse la vida y suicidios consumados.

Problemas laborales

A través de seis preguntas, que se valorarán entre 1 y 10 puntos, se intentará saber si un paciente presenta riesgo leve, moderado o alto de autoinfrigirse daño. Una vez se establezca el diagnóstico, la intervención será inmediata, sobre todo en las situaciones de mayor peligro. Las personas que presenten una elevada tendencia autolítica serán derivados a Salud Mental donde un profesional deberá atenderles en el plazo máximo de diez días. Se estudiará si el afectado tiene antecedentes en este tipo de prácticas o si ha habido casos en su familia. También se le analizarán aspectos como el abuso de sustancias o la existencia de trastorno mental o de alguna enfermedad crónica, discapacitante o de dolor físico. Los facultativos deberán estar atentos a síntomas como la desesperanza, ansiedad, agitación y a eventos estresantes propios de la vida que podrían actuar como caldo de cultivo: separaciones, pérdidas, problemas económicos o laborales. En la entrevista con el paciente se intentará pulsar cuál es su situación sociofamiliar, si dispone de apoyo, si ha sufrido maltrato, acoso. Los profesionales indagarán sobre la disponibilidad de métodos y de acceso a herramientas que puedan facilitar un intento suicida, tales como pastillas, armas, etcétera.

El protocolo tendrá una aplicación amplia, ya que no solo se utilizará en las consultas de los centros de salud, sino también en las de Salud Mental, en pacientes que acudan por urgencias (dependiendo del tipo de lesión o trastorno que le haya llevado hasta allí) y también los atendidos en las urgencias extrahospitalarias.

Para poner en marcha este plan se requerirá formar a los médicos de Atención Primaria, así como informar del mismo a todos los servicios de urgencias de los hospitales. Una vez iniciada la terapia, el paciente será seguido al lo largo de, al menos, un año. El periodo de doce meses se dividirá en tres fases: aguda, subaguda y remisión. En cada visita, el protocolo recomienda la participación de al menos dos profesionales, que será simultánea en la primera consulta y alternativa en las siguientes. Si no se detectara mejoría o recuperación, el enfermo seguiría en el programa. En la fase aguda, las consultas serán semanales durante un mes, cada dos semanas durante el segundo mes y mensuales hasta completar el año. Si el paciente es dado de alta del protocolo se identificará el motivo de dicho alta y se suprimirá de la marca de riesgo suicida.

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