«Estaba rescatando a dos víctimas y la gente aprovechaba para bañarse»

Ania vigilando ayer Toranda, tras recibir el alta médica y con heridas aún en las piernas. / JUAN GARCÍA LLACA
Ania vigilando ayer Toranda, tras recibir el alta médica y con heridas aún en las piernas. / JUAN GARCÍA LLACA

El socorrista Mario Ania regresa a las playas tras jugarse la vida el sábado. Está inquieto por la reacción del resto de bañistas: «No lo entiendo»

RAMÓN MUÑIZ OVIEDO.

Fue como para abandonar, dejarlo todo, dudar del género humano. Ocurrió el sábado, en Torimbia. El sol picaba y el mar atrapaba hacia el interior. La bandera roja debía servir para algo, pero hay inacautos que no resisten la tentación. Mario Ania, socorrista, intenta recuperar el aliento en la lancha. Se la acababa de jugar, echándose al agua para rescatar a dos bañistas que quedaron atrapados en un remolino. «Fue un accidente, uno de ellos se estaba refrescando los pies y cuando levantó el pie una ola le metió a un remolino; el otro, en lugar de avisarme, se metió para intentar rescatarlo», disculpa.

No tenía por qué hacerlo. La normativa le permite quedarse mirando cuando las olas pegan fuerte. «Incluso si la bandera es verde pero puedo correr peligro, tengo la opción de no tirarme; no nos pagan por morir», recalca. Este sábado él ya había cumplido, puso el trapo rojo para algo. Sin embargo, la adrenalina y su deseo de ser útil le dominaron. «Quizás no valoré bien la situación, porque pudimos haber muerto los tres», sopesa.

El mar premió su arrojo empujándole contra las rocas, lo que le fastidió las piernas. No había tiempo que perder. Convenció a las víctimas para que se aferraran al 'torpedo' flotante y los alejó de los riscos, mar adentro. Ahora los tres están en la lancha de rescate. Mareados. Intentan recobrar el aliento, y Ania, socorrista, 25 años, se percata. Allí en la playa, mientras todos están centrados en el operativo de rescate, hay un montón de imprudentes que han visto vía libre y se están internando en el agua.

«Se supone que somos seres racionales, pero en la playa es como si esa parte no funcionara» | «Incluso si la bandera es verde y puedo correr peligro, tengo la opción de no tirarme»

«Es completamente estúpido; veían que estábamos los cuatro socorristas ocupados rescatando a las dos víctimas, que estaban reventadas, que hay un dispositivo enorme, que me estoy jugando la vida, y la gente aprovechaba. No lo entiendo en absoluto. Se supone que somos seres racionales, pero en la playa es como si esa parte nuestra no funcionara a veces».

Los más de 300 socorristas y lancheros que velan por los arenales asturianos han lidiado con situaciones similares. «Quiero creer que la gente no se entera de lo peligroso que es el mar, que viene aquí con su experiencia de piscina tranquila y creen que es lo mismo, o que han visto en internet la foto de Torimbia, con el sol, idílica, y no terminan de aceptar que esto pueda ser otra cosa».

Parte del trabajo diario pasa por salvar a los bañistas de sí mismos. El sábado, mientras se reponía del dolor, «fueron más de cincuenta los que me preguntaron que por qué no se podían bañar, que no era tan peligroso, que estaba de bandera amarilla». Ania sabe que su única herramienta ahí es la palabra, algo que no basta siempre: «Todos creen que los jóvenes son los más rebeldes, pero lo peor son los señores mayores». A diario le aplauden con frases como «llevo aquí bañándome toda la vida», «¿qué te crees, que eres el que manda?», «yo aquí soy libre y hago lo que me da la gana».

Con todo, no cree que la solución pase por permitirle multar. Dice que no tiene preparación para eso, y que hay quien «se transforma» con el uniforme. Ayer regresó a su puesto de trabajo, tras unos días de baja. «Lo que me gustaría es tener autoridad moral, que la gente se diera cuenta que no estamos para fastidiarles y no sea tan normal decirle no al socorrista», solicita.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos