Rubén, para siempre en El Fitu

Decenas de moteros rinden homenaje a Rubén Fonseca -cuyo casco está en el centro- en El Fitu. / NEL ACEBAL
Decenas de moteros rinden homenaje a Rubén Fonseca -cuyo casco está en el centro- en El Fitu. / NEL ACEBAL

Decenas de moteros rinden homenaje en el mirado al hombre que murió al tratar de salvar a su familia en un incendio en El Berrón

LUCÍA RAMOS ARRIONDAS.

Las motos eran una de las mayores pasiones de Rubén Fonseca Patallo, fallecido el pasado 26 de febrero a los 41 años mientras intentaba salvar a su familia de un incendio en el número 3 de la calle Río Magostales de El Berrón. Y más de medio centenar de amantes de las dos ruedas quisieron rendirle ayer a mediodía un homenaje muy especial y despedirse de él haciendo aquello que tanto le gustaba: disfrutar de una buena ruta por una carretera de las que «prestan», con curvas y buenas vistas. «La última salida que hicimos juntos, el día de Nochevieja para despedir el año como manda la tradición, fue a El Fitu. Es un sitio que le encantaba y por eso quise organizar este pequeño homenaje precisamente en el mirador. Sé que le encantará tener un pequeño hueco aquí», explicaba, Roberto Fonseca, primo de Rubén.

Tras un primer encuentro en el Chiringuito Motero de Arriondas, hasta donde se acercaron cerca de una treintena de personas procedentes de diversos puntos y clubes de la región, la comitiva partió, haciendo rugir sus motores, camino a El Fitu. Llegaron al mirador minutos antes del mediodía y en el aparcamiento ya les aguardaban otras tantas personas que también quisieron sumarse al homenaje, pese a que el tiempo no acompañó, con intensos chubascos durante toda la mañana.

«Se le echa muchísimo de menos. Siempre estaba dispuesto a echar una mano en lo que hiciese falta. Se me ha ido un gran amigo», lamentaba Fermín Díaz. Benjamín Arboleya, fundador hace más de medio siglo de Talleres Mini, en Lieres, y abuelo de Roberto, coincidía. «Todavía hace poco me ayudó a mí con una mudanza», apuntó, y recordó cómo su nieto y Rubén correteaban y se maravillaban ya de críos con las motos que él arreglaba en un taller que ahora regenta Roberto. «Sé que a él le habría emocionado esto. Bueno, es que si Rubén estuviese aquí, ya andaría revolviendo todo. Era así, no paraba quieto y todo el mundo le quería», recalcó. Antes de irse, Roberto y sus amigos depositaron un ramo de rosas rojas y blancas y un casco de moto en miniatura junto al belén de cumbres del mirador. Ahora Rubén estará para siempre en El Fitu.

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