A secar a remojo

A secar a remojo
LUIS SEVILLA

Valencia de Don Juan es el plan de cientos de asturianos para un frustrado día de playa

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA

El reloj aún no marca las doce de un día de semana y el aparcamiento de las piscinas municipales de Valencia de Don Juan está de bote en bote. En un artículo muy citado de ‘El espectador’ Ortega y Gasset iniciaba su descripción de Asturias, tras un viaje en tren desde Madrid, afirmando, a la salida del Negrón ferroviario en un día de niebla, que «lo primero que se ve de Asturias es que no se ve». Lo primero que vemos nosotros nada más posar el pie en la antigua Coyanza es a un joven con una camiseta del Sporting.

Francisco Fernández es de Cudillero y acaba de aparcar frente a la entrada del complejo deportivo. Un matrimonio mayor que no ha tenido aún suerte de encontrar su hueco le observa desde el interior de su vehículo con algo similar a la envidia y el conductor –un señor mayor, con cara de guasón– hilvana en un comentario a la mujer la suerte del chico de la camiseta rojiblanca con la del equipo: «Tará contentu: por lo menos aquí quedó ‘en primera’». Nos guiña un ojo al advertir que le escuchamos y cuando da marcha atrás para seguir buscando, vemos en la bandeja una bufanda con los colores del Real Oviedo. Y es que si hay un lugar en el que se cumple el tópico –compartido con nuestros vecinos gallegos– de que ahí donde haya un asturiano habrá otro muy cerca ése es Valencia de Don Juan en un día de verano.

«Estábamos un poco hartos de no ver el sol, así que cogimos carretera y para acá», cuenta el pixueto, señalando a una chica que se escabulle hacia las taquillas de las piscinas. Es algo que ambos suelen hacer cuando apetece ir a la playa y el día amanece enfadado de nubes: «Aquí sabes que el tiempo lo tienes asegurado», explica. En el interior de las instalaciones municipales, casi a la puerta, como si hubiesen llegado con muchas ganas de poner la toalla e ir a darse un chapuzón, otra pareja, María Murcia y Manuel Monteserín, cumplen a la perfección con otro tópico: el de venir a secar a León. Acaban de bañarse y son un ejemplo de cómo el amor es capaz de superar los prejuicios localistas: ella es de Gijón y él de Oviedo. Al clima de la meseta unen en su valoración la escasa distancia que actualmente separa estas tierras de las que dejaron hace unos días al otro lado del Cordal: «En hora y media tienes el sol», afirma Manuel, informático, ante el asentimiento cómplice de María, gruista de Arcelor.

Las piscinas municipales son probablemente el lugar en el que en una mañana de verano se puede contabilizar un mayor número de asturianos en los 58,50 km2 de superficie de este concejo de la comarca oficialmente denominada Esla-Campos. A veces forman auténticas divisiones anfibias, como la de un grupo de bañistas langreanos –también visitantes de ida y vuelta– que van dejando un reguero de agua clorificada por donde avanzan, tan fresco como el cachondeo y la alegría que han traído esta mañana desde el Riañu asturiano. Cristóbal, Sara, Jorge, Julio, Oriana, Susana y otros amigos que vuelven a zambullirse, son habituales de esta alternativa leonesa a la playa cantábrica. Hoy han convencido para que los acompañe a Biser, un búlgaro que en sus cinco años viviendo en las Cuencas parece dominar mejor que sus amigos todo el repertorio de cagamentos que pueden salir de un asturiano cuando se le ‘chisca’ antes de haber catado la temperatura del agua. «¿Cómo caldo? ¡Los huevos!», exclama ante el jolgorio de la pandilla. Más discretamente tres gijonesas aprovechan al máximo el solárium natural en su día libre. Vanessa, Sara y Montse trabajan en McDonals y la primera resume en una frase el sentimiento compartido por las tres: «Aquí no pierdes un día de playa».

Valencia de Don Juan es un topónimo grabado en el mapa sentimental de generaciones de asturianos, al lado del cercano Sahagún de Campos o de Mansilla de las Mulas, La Virgen del Camino, La Vecilla o Boñar. El río Esla que baña las tierras coyantinas dio nombre a los astures de un lado y otro de la cordillera cantábrica, hoy los caminos de sus descendientes se cruzan aquí y allá y no solo en época estival. Frente al imponente castillo que fundó el infante Juan de Portugal, Sara González y Luis Merino, leoneses de Gordoncillo y vecinos de Lugones, se hacen un selfie con la réplica de la catedral de Oviedo que se colocó ante las murallas de la fortaleza siendo alcalde de la capital asturiana Gabino de Lorenzo. Esta mañana han cruzado el Negrón para venir a pasar el día y de paso visitar a la familia.

El castillo de Coyanza sirve igualmente de fondo a los selfies de las salenses Eliana Menéndez, María Medina y Róber, el hijo de la segunda, nacida en Candás de padre leonés (concretamente de Villacintor). De no muy lejos de Candás, de la parroquia gozoniega de San Martín de Podes, es David Menéndez, encargado de la sidrería 'El Jefe', en el centro de Valencia de Don Juan. Es su primer verano aquí y aún no ha podido darse un baño en las concurridas piscinas municipales: «Por la tarde, después de las comidas, doy un paseín por el pueblo…a la sombra», dice, socarrón. En la barra dos vecinos del cercano Toral de Guzmanes abren el apetito con sendos vinos de la tierra: «Los asturianos son siempre bienvenidos», afirma Tomás Gámez y Federico Toral apostilla, devolviéndosela al encargado de la sidrería: «Y se portan muy bien, no tenemos queja alguna».

En el patio de otra sidrería, La Huerta de Don Pedro, Plácido Rodríguez y María Rico, allandeses, están tomando unos culetes con sus familiares de Oviedo, Gaspar San Pedro y Teresa Rodríguez: «Llevamos viniendo hace más de veinte años», explican. Otra ovetense, Fina Barrio, señala que: «Aquí tengo una casa y además me siento como en la mía propia». Lo dice delante de un Alimerka y del quiosco Trébol, donde EL COMERCIO ocupa en el escaparate el mismo lugar destacado que tendría en Cangues d’Onís, La Pola Siero o Avilés. «Se vende mucho, sobre todo en verano», nos cuenta la quiosquera, Maite Martínez y lo comprobamos a escasos metros de allí: del Hotel Villegas sale un señor que manifiesta ir con bastante prisa porque le esperan a comer. Bajo el brazo lleva un ejemplar de este periódico. Teo Ferrero, propietario del establecimiento, cifra en un 60 por ciento el porcentaje de asturianos que tiene entre sus huéspedes. «Hace años eran más, hoy muchos vienen y vuelven el mismo día o tienen casa aquí», añade Agustín Serrano y confirma su mujer María Victoria Pons, candasinos alojados en Villaornate y que hoy han venido hasta Valencia de don Juan a dar un paseo.

El nuestro concluye a la hora en que más se hace notar ese sol meseteño, a cuyo calor llegan decenas de asturianos en busca el Plan B para un frustrado día de playa o a disfrutar un año más del verano en esta segunda casa para muchos de ellos. Y de regreso por el Huerna, tras dejar en el lado leonés una tarde espléndida, la salida del Negrón nos ofrece un panorama como el que observó Ortega y Gasset en su día, incluso está orbayando. Naturalmente dan ganas de volver a Valencia de Don Juan. Como nuestros mayores: «A secar».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos