Seis farmacias entran en concurso de acreedores por primera vez en Asturias

Una farmacéutica revisa los productos expuestos en una de las estanterías. / ALEX DOMÍNGUEZ
Una farmacéutica revisa los productos expuestos en una de las estanterías. / ALEX DOMÍNGUEZ

Están ubicadas en Oviedo, Mieres y pequeñas poblaciones del centro del Principado. Se prevé que al menos otras dos sigan el mismo camino

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

Un titulado en Farmacia emplea los ahorros de más de quince años de trabajo en la compra de una oficina por la que paga 1,2 millones de euros. Pero, a partir de 2010, la aprobación de una serie de reales decretos que, en la práctica, suponen una bajada en las ventas, una reducción de los márgenes comerciales y una pérdida de rentabilidad, hace temblar el negocio. El farmacéutico y empresario se ve obligado a despedir a sus empleados. Se queda solo al frente de la farmacia y, aún así, los ingresos apenas dan más que para pagar el crédito y llevarse a casa un sueldo bastante inferior al que cobraría como empleado. Llegado a este punto, entra en concurso de acreedores.

Es el mismo camino que han seguido otras cinco oficinas de farmacia en el Principado en el último año y medio. Son, en total, seis las que se encuentran en esta situación. Ubicadas tanto en grandes poblaciones -hay dos casos en Oviedo y otro en Mieres- como en pequeñas localidades, todas ellas de la zona central de la región. Algo que sucede por primera vez en Asturias. Además, según el abogado Jorge Álvarez de Linera, especializado en estos casos, es posible que antes de que acabe el año haya otras dos en idéntica situación.

Y no son más, argumenta, porque «aquí se lucha hasta el último aliento para que la empresa no se hunda. Se la defiende como si fuera un hijo», con lo que el resultado es que la mayoría, por no decir todas, «llegan muertas» al concurso de acreedores. Si esta afirmación es de aplicación general a las pequeñas y medianas empresas asturianas, en el caso de las oficinas de farmacia la realidad es que su estructura societaria supone una dificultad añadida. Porque los farmacéuticos ejercen su actividad como personas físicas, ya que no pueden constituir una sociedad limitada para explotar la farmacia. De poder hacerlo, y en caso de que el negocio no fuera bien, «salvarían al menos sus ahorros, su casa», explica Álvarez de Linera.

Una vez asumido que no hay más salida que el concurso de acreedores, se intenta aprobar un convenio con estos últimos para abonar el 100% de la deuda. Porque, en el caso de las farmacias, no suele haber quitas, sino que normalmente lo máximo que se consigue es un aplazamiento de los pagos a los proveedores y el banco con el que se suscribió el crédito. Con los primeros se suelen establecer acuerdos a cuatro o cinco años con un periodo de carencia de un año con lo que, por lo general, en cuestión de seis años podría estar solventada la deuda. Cuestión distinta es la negociación con los bancos. Si las deudas con las entidades bancarias están garantizadas mediante hipoteca, es preciso llevar a cabo una negociación paralela al margen del concurso de acreedores. Y, al menos por la experiencia acumulada por Álvarez de Linera, «los bancos suelen ser poco flexibles». «Solo se avienen a negociar si prevé que, con la garantía, no va a cobrar toda la cantidad adeudada», añade.

Ocurre con las oficinas de farmacia lo mismo que sucedió con los pisos. Que cuando la burbuja inmobiliaria pinchó, viviendas por las que se habían pagado miles de euros ya no valían tanto. Para la adquisición de una licencia se aplicaba un coeficiente a la facturación que demostraba tener esa farmacia. Hasta 2008, se estaba pagando entre el 2 y el 2,2. Así, por una farmacia que por entonces estuviera facturando unos dos millones de euros anuales, se habría pagado en su día entre 4,1 y 4,5 millones de euros. Eso empezó a cambiar a partir de 2010, con la aprobación de los citados reales decretos que redujeron el margen comercial en las ventas de fármacos. En los cuatro últimos años, el porcentaje que se está aplicando en las ventas de licencia de farmacias se sitúa entre el 0,9 y el 1,2. Prácticamente la mitad que hace una década.

Eso limita también las posibilidades de solución a quienes se encuentran en una situación económica delicada. Porque, aunque ahora vendieran el negocio, lo harían a mucho menor precio de lo que ellos pagaron previamente y «les seguirían quedando deudas con el banco», explica el abogado.

Un 23% de margen

Al final, la diferencia entre poder vivir holgadamente de una oficina de farmacia o estar ahogado por las deudas depende de tener pagado o no el crédito. «Ahora mismo los márgenes de ganancias están entre el 22 y el 23 por ciento sobre la venta total. Si ya tienes pagada la farmacia, te queda una buena cantidad, pero como dependas del banco... La situación es muy distinta para unos y para otros», apunta Álvarez de Linera.

La evolución del sector en los próximos años, en lo económico, estará sujeta, afirma el abogado, a posibles nuevas medidas del gobierno respecto a su liberalización, los márgenes o las subastas de medicamentos. Otro factor de riesgo, apunta, sería una subida fuerte del Euribor. Y eso porque, hasta ahora, como todas las hipotecas concedidas para la adquisición de farmacias tienen cláusula suelo, «los farmacéuticos están soportando un importante sobrecoste, y la eliminación del suelo de la hipoteca es mucho más complicado que en el caso de un consumidor. De momento, están pudiendo hacer frente a ese sobrecoste, pero una subida del Euribor por encima del tres por ciento podría ser catastrófica, pues cada punto porcentual que supere esa referencia supone un incremento medio del préstamo hipotecario de 16.000 euros anuales», expone Álvarez de Linera.

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