La sequía persiste por un déficit de precipitaciones que se remonta al invierno

L. MAYORDOMO GIJÓN.

Las lluvias acumuladas en lo que va de año hidrológico (periodo que arrancó el 1 de octubre de 2016) se sitúan un 14% por debajo de lo normal y, a falta de un mes para su cierre (el 30 de septiembre), 2017 se perfila como el más seco de los últimos cinco en España, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). En Asturias, las estadísticas contradicen la sensación generalizada de que éste ha sido un mal verano en lo meteorológico. Ha habido muchos días de cielos encapotados y persistente orbayu, incluso de fuertes tormentas los últimos días, cierto, pero la cantidad de lluvia caída desde octubre de 2016 hasta esta semana está por debajo del 75% de los valores normales.

Mes a mes, el delegado de la Aemet en Asturias, Manuel Mora, refiere que junio «fue húmedo o muy húmedo»; julio, «muy seco» e incluso «extraordinariamente seco» en algunos lugares como Oviedo, que en los últimos 36 años no había vivido un mes de julio tan seco -salvo en 2013-, y este agosto está registrando una precipitación «prácticamente normal, gracias a las lluvias de la primera decena del mes» y las de estos últimos días. Para el campo asturiano, estas precipitaciones son claramente insuficientes.

Para entender lo que están viviendo algunas zonas de Asturias este verano hay que echar la vista atrás. A diciembre. Para recordar que el pasado fue también un invierno «muy seco», con un 39% de déficit de precipitación a nivel global de toda la región. Una situación que no mejoró con la llegada de la primavera. Entre marzo y junio, el déficit de precipitación fue del 33% respecto a lo normal para esa estación. Así que, «en contraste con lo que llevamos de año, 2016 fue un año muy húmedo en su conjunto», compara Manuel Mora.

Además de la sequía meteorológica se puede hablar también de sequía agrícola -que se produce cuando no hay suficiente humedad en el suelo para que se pueda desarrollar un determinado cultivo- y de sequía hidrológica. Esta última está relacionada con el caudal de las aguas superficiales y la gestión de los recursos hídricos. Según el último boletín hidrológico del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, los caudales de los ríos Cares y Sella -del Narcea no da el dato actualizado- pasaron de los 50 y 45 metros cúbicos por segundo respectivamente del año 2016 a 3 y 3,5 metros cúbicos por segundo este año.

Embalses al 80%

Las cifras relativas a los embalses también reflejan una bajada de los recursos hídricos. Según los últimos registros oficiales, las reservas asturianas se sitúan ahora mismo en el 80,5% después de que en la última semana se perdiera el 1,8% de la cantidad de agua embalsada. El embalse de los Alfilorios, del que se abastece la ciudad de Oviedo, vuelve a bajar y ya está al 25% de su capacidad. Ante esta situación, el ayuntamiento ha optado por tomar medidas. De momento ya se han reducido los baldeos y los riegos de calles y jardines. Tanes-Rioseco, el principal embalse que surte de agua a los asturianos, perdió un 5% de su capacidad en esta última semana y está casi al 79%.

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