El Comercio

Los murales de la memoria yerbata

El yerbato Cándido Díaz Vigil muestra la representación de la iglesia de San Julián. El templo fue su primer dibujo, pero debido a su gran tamaño inicial, tuvo que rehacerlo para poder continuar pintando.

El yerbato Cándido Díaz Vigil muestra la representación de la iglesia de San Julián. El templo fue su primer dibujo, pero debido a su gran tamaño inicial, tuvo que rehacerlo para poder continuar pintando. / Pablo Nosti

  • Cándido Díaz Vigil reproduce en las paredes de un local, a mano alzada y con pintura acrílica, San Julián y varios pueblos de Bimenes

  • Los dibujos representan cómo eran los edificios a mediados del siglo pasado, a qué se destinaban y quiénes eran sus propietarios

Todo empezó por pura casualidad. Cándido Díaz Vigil tiene un local y una cabaña en el núcleo yerbato de La Segá, en los que se entretiene desde que se jubiló. «Siempre me gustó dibujar y un día que el tiempo no estaba pa la huerta ni pa nada me dio por coger un cartón que tenía por aquí, hacer un boceto y empezar a pintar la iglesia de San Julián en una de las paredes. Desde entonces no he parado», relata.

De aquel dibujo inicial que ocupaba gran parte de uno de los muros ya no queda nada, porque cogió afición y, poco a poco, fue confeccionando un gran mural que representa varios núcleos del municipio de Bimenes, entre los que se encuentran Rosuaria, El Perezal, La Zorea, La Cuesta y La Torre y en los que no falta detalle. Algunos los ve desde su cabaña, pero en otras ocasiones aprovecha para hacer una visita. «Me siento en el coche, cojo un cartón y hago el boceto para luego pasarlo a la pared», explica. Es lo que tuvo que hacer, por ejemplo, para plasmar las antiguas escuelas de San Julián. «Tuve que fijarme en el número de ventanas que tenía», añade. Por su parte, la iglesia parroquial luce ahora tal y como era a mediados del siglo pasado.

Ya ha cumplido los ochenta años, pero Cándido dibuja a mano alzada y utiliza pintura acrílica, rotulador y lápiz. Asegura que lo hace por pura afición pero su labor va mucho más allá y, gracias a sus representaciones, sus vecinos pueden recordar cómo eran sus pueblos en los años cincuenta, a qué se destinaban los edificios y quiénes eran sus propietarios. «Tiro de memoria, hay muchas cosas de las que ya solo nos acordamos cuatro y es una pena que se pierdan», señala.

Entre ellas está La Rectoral, con hórreo incluido, de los que hoy en día solo queda maleza, o el Cine de Pepe San Miguel, con actividad en los años cincuenta pero que una década antes se había utilizado como comedor social. «Recuerdo haber visto a gente acudir a que les dieran de comer», apunta.

Cándido trata de ser lo más exacto posible y no olvidar ningún detalle. Así, en el mural dedicado a Rosuaria, figuran las casas de Nazarena, de Carmina la de Marcelo, de Amparo la de Tristán e incluso el gallinero de Piruchu.

Y en El Perezal no faltan las viviendas de Blas, la de Emilio y Eutimio, la de Trina, las de León y Leandra o el corral de Julio Vigil. «Lo mío es la huerta, los árboles, las plantas. El dibujo es con lo que me entretengo», enumera. También ejerce como anfitrión de su grupo de amigos, con los que se reúne habitualmente para comer. De hecho, en la cabaña tiene un cuadro que le regalaron en el que dicen que es «el mejor cocinero del mundo».

Peticiones de vecinos

Sus dibujos, además, han tenido un gran éxito y ya son muchos los vecinos que se han acercado hasta La Segá para ver los murales e incluso le han hecho peticiones. «Lo malo es que ya me estoy quedando sin paredes, voy a tener que construir otra chabola», bromea. En una de las hojas del portón figura el Ayuntamiento de Bimenes, ubicado en Martimporra. De la capital del concejo, Cándido también ha plasmado el palacio del Marqués de Casa Estrada y su capilla, así como la farmacia de Alfredo Caso.

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