El Comercio

Eguiguren y Romero P. Seguín, en Noreña.
Eguiguren y Romero P. Seguín, en Noreña. / SUSANA SAN MARTÍN

«Escribir me ayudó a mantener la cordura y a superar la presión»

  • Xavier Eguiguren y José Alfonso Romero P. Seguín recogen en sendos libros su experiencia como guardias civiles en el País Vasco con el terrorismo

«Que nadie se acuerde de su nombre, que los asesinos caigan en el olvido y que sí se recuerde a las víctimas». Con este deseo cerró ayer Xavier Eguiguren la presentación de 'Infierno, cielo y en la tierra un traje verde' un libro que le ha servido a este Guardia Civil destinado desde hace diez años en Noreña como terapia para superar las consecuencias que le trajo su trabajo en el País Vasco a principios de los años noventa. «Me he sentido más liviano», aseguró.

El acto se celebró en la Casa de Cultura de la villa condal y compartió protagonismo con José Alfonso Romero P. Seguín, también Guardia Civil destinado en Guipúzcoa entre 1979 y 1983, que a su vez presentó 'La hija del txakurra', un conjunto de relatos con los que quiere rendir homenaje a las víctimas de la banda terrorista ETA. «Empecé a escribir por superar aquella presión, me ayudó a entender y a mantener la cordura», reconoció. «Llegué al País Vasco con diecinueve años, eran los años de plomo y lo primero que recibías era una amenaza de muerte cuando no habías tenido tiempo de haber hecho nada», relató.

La de ayer fue una tarde llena de duros recuerdos. Por ejemplo, del trato que se les daba a los hijos de los policías, guardias civiles y militares, a los que se llamaba 'txakurras', perros. Romero P. Seguín rememoró cómo tras un atentado un profesor señaló: «la hija del txakurra por fin está huérfana», frase que inspiró el título del libro. En sus páginas todos los acontecimientos y atentados son veraces, pero ficcionados en su desarrollo. Y todos invitan a pensar. «Hay que reflexionar sobre el papel que tuvieron las instituciones, su responsabilidad, éramos números, nos escondían y se destrozó a muchas personas», criticó. «Falló el estado de derecho democrático, no se hizo valer», lamentó.

Por su parte, Eguiguren, un seudónimo que hace referencia a la calle donde se encontraba el cuartel en el que estaba destinado en Eibar, comienza su libro narrando un ataque de ansiedad bajo el título '110 pulsaciones'. Dejó el País Vasco en 1994 y le fueron diagnosticados trastorno de ansiedad y depresión. «Infierno son los destinos peligrosos, el terrorismo, los compañeros asesinados, los entierros de amigos, las medallas a título póstumo, es la terrible enfermedad, pero el cielo es mi familia, mi mujer y mis tres hijas», explicó.

El acto, organizado por la Orden del Sabadiego con la colaboración del Ayuntamiento y de la Asociación de Guardias Civiles Marqués de las Amarillas, estuvo conducido por Raimundo García Cuesta y contó con la presencia, entre otros, del delegado de Defensa en Asturias, Vicente Bravo; el brigada de la Guardia Civil y jefe del Puesto de Noreña Gonzalo Lorenzo y la alcaldesa, Amparo Antuña.