El Comercio

El estilo de Sidoro Villa en seis culetes

Sidoro Villa Costales (derecha), ayer con Daniel García.
Sidoro Villa Costales (derecha), ayer con Daniel García. / S. SAN MARTÍN
  • El poeta Daniel García desgrana las virtudes de la novela corta 'A estaya', que el autor defiende como una obra «realista»

«Por encima de todo, destacaría la originalidad, la forma de manejar la lengua asturiana y de combinar poesía, un poco de ensayo y una narrativa aplastante». Así resumió el poeta poleso Daniel García Granda la novela corta 'A estaya' (Impronta), que el escritor sierense Sidoro Villa Costales presentó ayer en el Auditorio ante casi un centenar de personas.

Y a novela original, presentación no menos singular la que protagonizaron anoche estos dos escritores y colaboradores de la sección de opinión del diario EL COMERCIO. «Ye un autor del que, semanalmente, aprendo mucho, al igual que de Nacho Fonseca», fueron las primeras palabras de García, quien decidió desgranar el libro «en seis culetes» laudatorios para no desvelar el argumento.

El primero fue un elogio hacia el buen gusto de la editorial por el soporte elegido y una portada que invita a entrar en el chigre. El segundo culete celebró la maestría mostrada por el autor, pese a estrenarse en un género tan difícil como la novela corta, aderezada con momentos poéticos sin caer en lo «empalagoso». El tercero destacó los escenarios «míticos»: el pueblo Visiegos y el chigre El Llagarón, así como los personajes: «Están muy bien trazaos en pocos renglones».

El cuarto culete estuvo dedicado al estilo. «Llama la atención la naturalidad del idioma empleáu, que-y da un aire muy frescu a la novela». Y mencionó posibles influencias de narradores estadounidenses como Mark Twain -en los pasajes más humorísticos-, Ernest Hemingway -en las frases cortas y las palabras precisas- o Wiliam Faulkner, en el monólogo interior o en el ambiente opresivo, donde también aprecia ecos de Cormac McCarthy. También destacó que la naturaleza «ye un personaxe más de la novela» y es cuando el autor se aproxima más a la poesía. Y elogió su oído para captar los diálogos de los personajes.

El quinto culete estuvo dedicado a la propia historia del libro, protagonizado por unos hombres «frayaos pola vida y que se aconceyen nesti chigre obligaos polos señoritos». Y el último culete reincidió en el uso del idioma «fechu mitu, un mitu triste y mortal», dijo.

«Mira que tengo tomá sidra en mi vida y como estos seis culetes nunca me prestó tanto», fueron las palabras de gratitud del escritor hacia el presentador. Villa explicó un poco la génesis de la novela basada en una idea que se le había ocurrido muchos años atrás. «Yera una idea recurrente que me volvía a la testera», afirmó. Así que se puso a darle forma en el verano del año pasado. Buscó una estructura sencilla, narrada en tercera persona y con diálogos cortos.

El autor aseguró que había escrito una «novela realista», aunque incluya momentos «fantasiosos», y subrayó la verosimilitud de hechos, ambiente o personajes. Defendió ese realismo incluso al referirse al personaje del caballo parlante como guiño a la humanización de los animales tan propia del mundo rural asturiano. Y aludió a la intencionada presencia de «respiraderos» o a un final donde «el mal no triunfa» y el tiempo «escampla». El autor invitó después a dos cajas de sidra que fueron escanciadas por los dos amigos suyos a los que dedicó el libro.