El Comercio

Los Moscones de Oro reivindican pasado y futuro

Claudio Menéndez de la Riera ofrece su discurso ante los premiados Guillermo Martínez y el alcalde, José Luis Trabanco.
Claudio Menéndez de la Riera ofrece su discurso ante los premiados Guillermo Martínez y el alcalde, José Luis Trabanco. / PABLO LORENZANA
  • La filóloga Beatriz Arias y el científico Pablo Alonso ofrecieron dos cercanos y emotivos discursos en la ceremonia de entrega de los galardones

La capilla de Los Dolores de Grado tenía ayer un nudo en la garganta. Lo que allí se vivía, lo que las palabras quebradas por momentos expresaban, era un reconocimiento a la sangre asturiana de los dos premiados. Ellos hicieron que fuera así, que esos méritos profesionales que les hicieron merecedores de los galardones Moscones de Oro fueran también obra de sus familias. Dicen quienes les conocen que en ellos se percibe la humildad de los grandes y ayer ambos, la filóloga mexicana de raíces asturianas Beatriz Arias y el científico moscón Pablo Alonso, lo demostraron.

«Este galardón lo veo como un reconocimiento a mi familia asturiana. Siempre he vivido en México con Asturias en los ojos y el 'Asturias patria querida' en los oídos», expresó Arias, muy unida a su familia de Sama de Grado, donde viaja cada año. Premiada por su labor investigadora, con un trabajo sobre el español colonial mexicano que le hizo alzarse con el prestigioso premio de la RAE, Arias quiso ayer dejar a un lado los legajos y rescatar recuerdos. Como el de su abuelo José «sacado de casa para nunca volver», o los «diálogos socráticos a la asturiana» con otros de sus familiares. Aunque si alguien tuvo especial presencia en sus palabras fueron sus padres. «Nada hubiera pasado sin mi padre, maestro perseguido por sus ideas de izquierda, ni sin su lecturas de 'El Quijote' después de la cena. Tampoco sin mi madre, un roble, un carbayo celta que me empuja», agradeció la premiada en la categoría internacional con las lágrimas a punto de brotar. Quiso Arias terminar su intervención en asturiano, con una reivindicación en honor de todos aquellos que pelearon por sus valores: «Os siento más cerca, aunque nunca he estado lejos».

La mañana fue pasado, pero también futuro. Fue letras, pero también ciencias. Pablo Alonso, premiado en la categoría local, advirtió de su fama de reivindicativo y para no faltar a la misma lanzó un mensaje a los políticos. «Creo que una ignorancia supina ha hecho que durante décadas los políticos no hayan estado a la altura de todo el talento de este país que está entregando lo mejor de su saber en otros países. Espero que la ciudadanía lo cambie porque nadie más lo hará», peleó, en defensa de un plan de futuro a largo plazo para toda una generación, la más preparada y la que tiene que escapar del país. Él no fue excepción, aunque ahora tuvo la oportunidad de desarrollar un gran proyecto y decidió hacerlo en su casa, en la Universidad de Oviedo. Ayer, no habló del grafeno, ese material del futuro con el que trabaja en su laboratorio, sino de los suyos. «Espero poder hablar. Es difícil hacerlo ante la gente con la que me crié. Quiero dedicar este premio a mis padres y abuelos y a todas las personas de su generación que tuvieron que vivir la guerra y postguerra y aún así trabajaron duro para nosotros tuviéramos lo mejor».

Los aplausos resonaron ante ambas intervenciones en la capilla de Los Dolores, en esa ceremonia con presencia de numerosas autoridades que desde hace 24 años organiza la Asociación Amigos de Grado. El presidente, Claudio Menéndez de la Riera, aprovechó para recordar la necesidad de un auditorio para Grado, en una mañana que no es una cualquiera en la villa. Es la de los Moscones de Oro.