El Comercio

El párroco José Tardón.
El párroco José Tardón. / M. R.

El párroco de Anes lamenta los robos en la iglesia y advierte que «no tiene nada de valor»

  • José Tardón asegura que quienes intentar robar «solo dejan destrozos», porque no hay ningún objeto costoso del que puedan sacar beneficio

«No sabemos nada acerca de quiénes pueden ser», decía ayer el párroco de Noreña, Anes y Argüelles, Pedro Tardón, respecto al robo cometido a finales de la semana pasada en la iglesia del pueblo de Anes.

Destacaba el sacerdote que «hace dos semanas pusimos una denuncia porque ya habían intentado entrar y habían roto la puerta», sin llegar a acceder al interior, pero no se esperaba que los ladrones volverían a intentar acceder al templo, sobre todo «porque en la iglesia de Anes no hay nada de valor, solo hay algunos libros que yo he ido llevando y algún mueble, pero nada más», confirmaba ayer Pedro Tardón.

Los asaltantes rompieron la cadena de la verja, una ventana, la puerta de entrada a uno de los locales e intentaron también entrar en la sala de la calefacción y en la sacristía, en ambos casos sin conseguirlo. Tampoco accedieron al propio oratorio, cuyo interior es igual de modesto que el resto de la iglesia, por lo que el párroco reconoce que el valor «de los destrozos es superior a cualquier a cualquier cosa que puedan llevarse».

Alejada de las viviendas

Todo indica que el robo tuvo lugar a finales de la semana pasada, pues hasta el miércoles se estuvieron realizando algunos trabajos de mantenimiento en el templo y no se apreció ningún indicio de que nadie hubiera intentando entrar mientras los operarios estaban allí.

Además, en Anes la iglesia no está rodeada de casas, como sucede en otros pueblos «y si ladran los perros por la noche, lo más habitual es que se piense que es el jabalí o algún animal», explicaba Tardón, y el hecho de que las viviendas estén alejadas del pueblo hace más complicado aún que alguien pueda darse cuenta de que se está intentando acceder a ella.

Ahora, toca otra vez arreglar los desperfectos, reparar las puertas, la ventana y la verja de entrada con la esperanza de que algo así no suceda de nuevo porque allí «no hay nada que robar».