El Comercio

La plaza de La Nozalera, huella permanente de los zapateros

Los descendientes de los zapateros de Noreña posan con la alcaldesa junto a la placa.
Los descendientes de los zapateros de Noreña posan con la alcaldesa junto a la placa. / PABLO NOSTI
  • Noreña inaugura una placa en homenaje al gremio y la promotora del reconocimiento invita a la hostelería local a festejar San Crispín

Decía Armando Palacio Valdés en su obra 'Novela de un novelista', publicada en 1921, que «no hay carretera, ni camino vecinal en Asturias que no sea hollado por los zapatos de Noreña». La industria del calzado fue la principal actividad económica de la villa condal desde el siglo XVI hasta los años cuarenta del XX y la huella que dejó el gremio en el concejo permanecerá ahora imborrable gracias a la placa de bronce que el Ayuntamiento inauguró ayer en la plaza de La Nozalera, una de las zonas donde antiguamente se concentraban los talleres. «Este rincón solventa la deuda con los zapateros y sus descendientes», aseguró la alcaldesa, Amparo Antuña, tras el descubrimiento de la obra del escultor José Luis Iglesias Luelmo.

La concejala de Cultura, Pilar Cuesta, fue la encargada de dirigir el acto, que se celebró coincidiendo con la onomástica de San Crispín, patrono de los zapateros y que estuvo amenizado por La Rondalla de Noreña. No faltaron a la cita decenas de vecinos y descendientes de los antiguos zapateros, que recibieron como recuerdo un pergamino con la representación de la placa acompañado de un escrito de Miguel Ángel Fuente, cronista oficial.

También estuvo presente Fernanda Valdés, promotora del homenaje: «Hace unos meses pedí al Ayuntamiento que concediera al gremio de zapateros el título de hijos predilectos, se decidió hacer este acto y lo bueno sería que todos los años se conmemorase San Crispín», apuntó. Para ello, lanzó un órdago a la hostelería local y recordó que «para celebrar la onomástica, los zapateros se reunían en una comida de hermandad de la que sabemos el menú: picadillo, huevos fritos y patatas cuadradas».

Por su parte, los descendientes se mostraron agradecidos por el reconocimiento. «Hacía falta», señaló Pilar Junquera, nieta del artesano José Alvarez Arbesú.