El Comercio

«Se apagó la luz, queda la estela»

El párroco de La Pola, Juan Manuel hevia, presidió el funeral en San Pedro.
El párroco de La Pola, Juan Manuel hevia, presidió el funeral en San Pedro. / PABLO NOSTI
  • El funeral por Casimiro Baragaña se celebró ante el mural que el pintor realizó en 1959

  • Artistas asturianos ensalzaron, en el sepelio en San Pedro, la talla humana del pintor, «un hombre siempre correcto, entrañable y generoso»

«Se ha apagado la luz que miraba a quien es luz, pero queda su estela de colores y formas cada vez más auténticos, que nos siguen mirando para que aprendamos a ver y nos dejemos enseñar». Así despedía ayer el nuevo párroco de San Pedro de Pola de Siero, Juan Manuel Hevia, al pintor Casimiro Baragaña, en el funeral de cuerpo presente en la iglesia de San Pedro Apóstol y frente al mural al fresco que el propio artista realizó en 1959 por encargo de la junta parroquial.

El párroco reconoció que no había podido conocer al pintor, pero destacó su legado, con mención a sus otros frescos en las iglesias de San Pedro de Mestas de Con o Santa María de Cangas de Onís, o al certamen pictórico que lleva su nombre.

La bondad de Baragaña fue una de las cualidades más repetidas por los asistentes al sepelio, entre los que se encontraban varios pintores asturianos. «Era una persona entrañable, gran conversador y conocedor del arte, apreciaba todas las tendencias, que no es muy frecuente», destacaba el artista José Manuel Núñez y Arias. «Lo vamos a echar de menos, sobre todo, los amigos», añadía.

«Aparte de ser un buen paisano, conmigo tenía una relación de amistad y nos gustaba ir a ver pintura juntos, era un gran conocedor del panorama nacional», comentaba el artista maliayo Guillermo Simón. También agradecía el apoyo que le prestó desde sus inicios en 1989: «Siempre me daba ánimos, era un hombre muy generoso», aseguró.

El pintor local Marino Fuego ensalzaba igualmente su talla humana. «Era un fenónemo y un bendito, con esa sonrisa siempre con todo el mundo». Fuego recordaba cuando llevaba a su casa a varios polesos aficionados a la música clásica a escuchar a los grandes compositores.

La madre superiora de la Residencia Nuestra Señora de Covadonga, sor Genoveva Ruiz, aludía a sus tres últimos años residiendo en el asilo poleso, los dos primeros compaginándolo con salidas diarias al estudio o a pasear. «Era siempre muy correcto y se le ha querido mucho en nuestra casa, donde mejoró mucho y disfrutó». Un gran admirador de su obra es Manuel Valencia, Hijo Adoptivo de Siero 2010: «Tuve la suerte de conocer a Casimiro y que me expusiera todo el arte que guardaba como oro en paño, es un museo que permanece anónimo». Y le definió como «entrañable, leal y cariñoso».

Al sepelio asistieron el alcalde de Siero, Ángel García; el viceconsejero de Cultura, Vicente Domínguez; y los concejales Aurora Cienfuegos, César Díaz, Beatriz Polledo y Juan Camino.