El Comercio

Ramón Quirós, junto a un cuadro de Casimiro Baragaña del año 1958.
Ramón Quirós, junto a un cuadro de Casimiro Baragaña del año 1958. / SUSANA SAN MARTÍN

«La intención de Casimiro Baragaña era hacer un legado importante de su obra a Siero»

  • «Casimiro dejó para él en depósito las mejores obras que hizo, iba pintando y apartando lo que consideraba que era bueno o muy bueno»

  • Ramón Quirós Director de la Fundación de Cultura de Siero y amigo de Baragaña

El director de la Fundación Municipal de Cultura de Siero, Ramón Quirós, es una de las personas que mejor conoce la obra del pintor poleso Casimiro Baragaña, fallecido esta semana, con quien mantuvo una estrecha amistad.

¿Qué etapa destacaría más de la obra de Casimiro Baragaña?

Creo que es muy interesante la etapa inicial, en la que hay una clara influencia de la época azul y rosa de Picasso. Trabaja mucho la figura humana y hay algún bodegón. Y a partir de la época de las teselas, que ya empieza con la explosión de color y con el paisaje muy lírico, es otra de las etapas destacadas. La última, en la que raya casi la abstracción, es interesante también, pero no tanto como las otras.

Él nunca se consideró un pintor abstracto.

No, porque a la abstracción total no llegó, siempre había una referencia figurativa. En el paisaje, aunque fuera una gama cromática, intuías que era paisaje.

¿Está de acuerdo con su afirmación de que no se consideraba deudor de ningún pintor?

Era una persona que tenía un bagaje pictórico importantísimo y eso es fundamental. Aparte de tener mucho oficio, que lo llevaba en las venas, la formación en Madrid le proporcionó una técnica extraordinaria. Yo lo comenté muchas veces con él que todo el mundo bebe de alguien, no puedes estar al margen de la tradición pictórica. Él estuvo en París y en Roma. Para la pintura al fresco, estuvo influenciado por todos los fresquistas italianos. Y tiene una 'última cena' impresionante, de la misma época del mural de la iglesia. Pero él entendía también que tenía su propia personalidad pictórica.

¿Cree que Casimiro se sentía suficientemente reconocido?

Casimiro llegó a una etapa en la que tampoco le preocupaba mucho. Su obra era lo que era y tampoco tenía esa ambición de ser reconocido. Pero en el mundo de la pintura, y sobre todo entre los pintores contemporáneos, sí que lo era. Yo he hablado con mucha gente consagrada y con gente joven, que reconocían su pintura y la figura que representaba Casimiro. Estoy de acuerdo con lo que siempre dijo el crítico Rubén Suárez, que Casimiro era un poco el enlace entre los pintores clásicos asturianos y la modernidad. Lo que no se prodigó demasiado fue en exposiciones, él era una persona muy especial y no quería entrar mucho en el mundo de las galerías de arte.

Una prueba de que no era muy ambicioso fue que nunca quiso marchar de La Pola.

Él se sentía a gusto en La Pola y era el punto de referencia para todo. Pero luego viajaba mucho a Madrid, Bilbao, Barcelona o al extranjero. Iba todos los años a las ferias de Arco, al Guggenheim o a cualquier evento artístico importante. Era una persona que estaba al día de todo y después era muy receptivo. Era un amante de la pintura, sabía apreciarla y no intentaba valorarla desde sus presupuestos estéticos, sino desde el punto de vista de la propia pintura. Era muy abierto a todas las tendencias, porque te puedes encontrar con otros artistas que intentan ver su propia obra en otros pintores; él no, todo lo contrario, sabía apreciar la buena pintura independientemente de la técnica.

¿A qué punto llegaron las conversaciones para crear una fundación con su nombre o habilitar una exposición permanente de su obra?

La intención de Casimiro era hacer un legado importante de su obra al Ayuntamiento de Siero. Él quería que una parte de ella, la más importante, permaneciese unida, no se dispersara y se exhibiera. En los últimos tiempos, estuvo valorando e intentando que se llevara a cabo, pero eso quedó cortado de cuajo y paralizado por la enfermedad. Pero esa era su intención inicial, y yo sí que le catalogué mucha obra durante un verano, pero no se llegó a nada en concreto.

¿Cuándo se empezó a hablar de esa posible donación?

A partir de la exposición del CAMCO (1996), a mí ya me planteó el tema de la donación, pero luego se olvidaba o volvía otra vez a retomar el tema. Y ya con más intensidad, hará como cinco años, que lo tenía mucho más claro.

¿Cree que existe alguna posibilidad de retomar con la familia esa donación parcial?

Yo de ese tema no puedo opinar, porque es privado. Dependerá de la voluntad de los herederos.

Dice que estuvo catalogando cuadros suyos. ¿Tiene una estimación de cuánta obra propia tenía?

Casimiro dejó para él en depósito las mejores obras que hizo. Él iba pintando y apartando lo que consideraba que, pictóricamente, era bueno o muy bueno dentro de su producción. Yo le catalogué de aquella más de setenta obras, pero tenía muchas más. Esas eran las que él valoraba que podían ser susceptibles de engrosar el paquete de la donación.

¿Es cierto que era reacio a vender su obra?

No creo que fuera reacio, él determinaba qué obra quería vender, pero eso como cualquier artista.

¿Tenía una relación paterno-filial con sus cuadros?

Sí, sí, él tenía obras desde la primera época y muy interesantes.

El notario Manuel Valencia aseguraba el otro día que Casimiro tenía en estudio un museo que permanece anónimo. ¿Qué otros artistas figuraban en su colección?

Yo no vi obras de otros artistas en su estudio.

Acuarela de Antonio López

Se menciona siempre una obra de Antonio López.

Cuando eran estudiantes en la Academia de San Fernando, entre compañeros había la tradición de intercambiarse obras y Casimiro tenía un retrato de mujer en acuarela de Antonio López. Cuando hizo la antológica en el Museo Thyssen hace cinco años, nos pusimos en contacto con su hija para ofrecérsela para la exposición, pero ya tenían cerrado el catálogo. Yo esa acuarela sí que la vi.

¿Y no tiene constancia de otros artistas, aunque no los viera?

Él me decía que había tenido algo de Vaquero Palacios, algún dibujo de Piñole o de Evaristo Valle, pero tampoco tengo la certeza porque no lo vi.

¿Qué opinaba del certamen de pintura que lleva su nombre?

Tenía mucha ilusión y quería que tuviese un prestigio desde el principio. Estaba muy contento con el certamen, aunque nunca estaba totalmente conforme con el fallo del jurado. Él percibía que iba 'in crescendo' la participación, la calidad y el interés. El certamen de Casimiro, está mal que lo diga yo, pero es quizás el mejor que hay en Asturias.