El Comercio

Premio a la tradición chacinera

Los hermanos José Severino, Carmen y Joaquín Monte posan en las nuevas instalaciones de Meres.

Los hermanos José Severino, Carmen y Joaquín Monte posan en las nuevas instalaciones de Meres. / Pablo Nosti

  • La Orden del Sabadiego distingue a El Hórreo con el galardón Villa y Condado

  • La empresa noreñense, asentada ahora en Siero, cerrará 2016 con un crecimiento del 32% y afronta el reto de duplicar su producción

Hablar de la empresa El Hórreo es remontarse más de un siglo atrás, cuando Severino Fernández Fombona decidió crear en 1908 la primera pyme de elaboración de embutidos y salazones de Asturias, que tomó su nombre de uno de los principales elementos de la arquitectura asturiana. Lo hizo de la mano de su mujer, Ángela Menéndez, con la que tuvo dos hijos, Angelina y Celedonio. «Fue un hombre muy trabajador, honrado y brillante», asegura su nieto, José Severino Monte, actual administrador de la empresa y que el viernes recogió el Premio Villa y Condado de Noreña concedido por la Orden del Sabadiego, en su vigésimo novena edición, «por su importante contribución y la ejemplaridad de su actividad industrial». «Estamos muy orgullosos, es un reconocimiento a toda la familia», destaca Monte.

Y es que el espíritu emprendedor de Severino Fernández se traspasó de generación en generación. Tras su muerte en los años cincuenta, sus hijas –Celedonio había fallecido durante la guerra civil– Ángela, Pepita y Mari Carmen, las dos últimas nacidas de su segundo matrimonio con Enriqueta Trabanco, se hicieron cargo de la empresa. Ellas fueron quienes la llevaron por primera vez a la Feria Internacional de Muestras de Gijón y en su primer año vendieron bocadillos de sabadiego por diez pesetas. El éxito obtenido les hizo apostar por crear nuevos productos e iniciaron su expansión.

En los años setenta, con Mari Carmen y su marido Joaquín Monte al frente de la empresa, la fusión con otras cinco compañías para tratar de expandir el negocio chacinero dio origen a El Hórreo S. A. y a una nueva fábrica. Sin embargo, la aventura no salió como esperaban y a finales de la década liquidaron la sociedad y el matrimonio recuperó la marca original y relanzó la actividad.

En 1992, coincidiendo con el proceso de homologación europea, se incorporaron a la empresa sus tres hijos, José Severino, Joaquín y Carmen, que en la actualidad ocupan los cargos de administrador, director general y presidenta, respectivamente. «No es fruto de la casualidad que estemos aquí, sino de pequeñas decisiones que se fueron tomando», apuntan.

En esta última etapa se reformularon todos los productos, se apostó por una línea saludable y se potenció la exportación y la innovación. «Desde hace una década tenemos un departamento de I+D+i y en la actualidad cuenta con cuatro personas trabajando a tiempo completo para desarrollar nuevos productos según las demandas y exigencias del mercado», explica José Severino.

En total, El Hórreo da empleo a veinticinco personas, el doble que hace un año. La imposibilidad de que la empresa continuara creciendo en Noreña por cuestiones urbanísticas les llevó a buscar un nuevo emplazamiento y, en septiembre, comenzaron a trasladar la maquinaria al polígono de Meres, en Siero, donde ultiman unas instalaciones de tres mil metros cuadrados en las que, entre otras cosas, crearán una planta piloto para el desarrollo de productos.

Monumento a la chacinera

Asimismo, las previsiones apuntan a que cerrarán este ejercicio con un 32% de crecimiento. «Queremos duplicar la exportación y la facturación y aumentar la producción, que ahora está en quince toneladas a la semana», calcula el administrador.

Por otro lado, durante su intervención en la entrega del premio, José Severino aprovechó para instar tanto al Ayuntamiento de Noreña como a la Orden del Sabadiego a rescatar el patrimonio industrial del municipio y a crear un monumento a la mujer chacinera.

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