El Comercio

Los propietarios Rubén Fernández y Hugo Rolán.
Los propietarios Rubén Fernández y Hugo Rolán. / SUSANA SAN MARTÍN

The Bass Valley cumple un año en plena expansión

  • La singularidad es que los alumnos se alojan y conviven con el profesor, además de disponer de zona de 'co-working', que ahora pretenden relanzar

  • Este espacio de Pruvia, pionero en España, ofrece formación y creación dentro de la música electrónica

En una moderna vivienda de la zona rural de Pruvia (Llanera) se encuentra enclavado The Bass Valley, un espacio de formación, creación y difusión en torno a la música electrónica, que cumple ahora su primer año de existencia. Se trata de un proyecto pionero, al menos en España, cuya particularidad es que los alumnos se alojan en la casa y tienen el privilegio de convivir con los profesores durante el desarrollo de los cursos.

The Bass Valley tiene una superficie de 560 metros cuadrados, distribuidos en una planta, sótano y ático, y posee cuatro habitaciones dobles y una suite para el profesor, además de una parcela exterior llena de posibilidades para albergar todo tipo de eventos.

El coordinador del apartado formativo es el músico y periodista madrileño Luis Rozalén (HD Substance) y hasta la fecha se llevan programados once cursos para todos los niveles centrados en composición, arreglos, directos, mezclas o programas específicos de producción musical como el Ableton. Como docentes han participado primeros espadas de la electrónica como Tadeo, Kino International, Undo, Marc Marzenit o el estadounidense Terrence Parker. Cuenta Rubén Fernández -el cofundador del proyecto junto a Hugo Rolán- que fue Parker quien le inspiró la idea mientras le relataba las veladas que protagonizaban los jóvenes productores de techno de Detroit. Fernández insiste en que «no es una academia musical al uso» y pone como ejemplo de cercanía con el artista el curso que impartió Marzenit. «Era de 40 horas y acabó dando 75», recuerda.

En estos primeros meses de andadura, el proyecto ha tenido mucha más repercusión nacional, e incluso internacional, que en Asturias, pese a su dilatada tradición dentro de la música electrónica. Los números cantan: de los cincuenta alumnos asistentes a los cursos de grupos reducidos, solo tres eran asturianos. Y eso que algunas 'masterclass' son gratuitas y que los precios no difieren de lo que sería la estancia en un hotel. También se ofrecen cursos personalizados. «Va a venir ahora un alumno de Qatar a dar uno de Ableton y mezcla», apunta el propietario.

Sets en 'streaming' y estudio

The Bass Valley programa también en las tardes de los sábados sesiones exclusivas en 'streaming', que protagonizan los mismos artistas que vienen a pinchar al Lanna Club de Gijón. Ya van más de veinticinco sets con acceso libre a los que tienen entrada para la fiesta nocturna, entre ellos, de Óscar Mulero, Ivan Smagghe o Akirahawks. Otra prestación es un potente estudio de grabación, equipado con toda la maquinaria analógica de Luis Rozalén. Ya ha grabado un disco el productor alemán Gunne y próximanente lo utilizará un artista sueco.

Otra muestra de la singularidad del proyecto es la zona de 'co-working' en el ático, con mesas y estanterías propias, wifi y sala de reuniones, que está disponible para empresarios y emprendedores. Es el espacio que ahora pretenden potenciar y buscar sinergias. También van a organizar actividades infantiles y talleres con Oviedo Emprende, y proyectan exposiciones de fotografía o de moda. Además, han recurrido al Centro Europeo de Empresas e Innovación para realizar un plan financiero y de internacionalización. The Bass Valley genera, asimismo, varios empleos y actividad económica, «sobre todo, al bar del pueblo», bromea el fundador.