El Comercio

Llegó la Navidad

Veinticinco de noviembre, fun fun fun... 25 de noviembre, fun fun fun... Así empieza el villancico ahora que sabemos que la Navidad llega en noviembre. Las luces puestas en La Pola: campanas, renos y ángeles boca abajo. Bien pensado, no está mal que la Navidad empiece en noviembre, así el verso no se resiente. Diciembre y noviembre tienen las mismas sílabas. El octosílabo queda a salvo.

Sin embargo, teniendo en cuenta que todo se adelanta, la canción corre peligro. De aquí a unos años, cuando la Navidad empiece en octubre, tendremos que contratar a Bob Dylan o a Silvio Rodríguez para engranar soniquete y letra. Cuando la Navidad caiga en septiembre, volveremos a la regla y santas pascuas. En agosto y, sobre todo, en julio va a ser terrible. Para estirar así la sílaba, el único capaz va a ser Nacho Vegas, aunque no sé qué opinará él de una Navidad el día Les Piragües.

Sabemos que el cambio climático retrasa todo. La floración, la hibernación, el frío. Pero también sabemos que la máquina consumista adelanta sus fragatas. Si el invierno llega en marzo, la Navidad llega en noviembre. En resumidas cuentas: Jesús tardaría por lo menos cuatro meses en poder estrenar unos esquíes. Supongamos que aceptamos el calendario gregoriano, el nacimiento del mesías el 25 de diciembre y pulpo como animal de compañía. En noviembre, la Virgen María preñada habría recibido una 'baby shower' promovida por los Reyes Magos y una gran superficie comercial.

De la mano de la Navidad en payares, llega el 'Black friday'. Siguiendo la tradición lo raro sería que, efectivamente, caiga en viernes. Estoy seguro que Juanjo Millás se apuntaría a la lógica de que fuese un jueves. Además, teniendo en cuenta que dura viernes, sábado e incluso domingo, el 'Black friday' debería ser jueves, miércoles y martes. Pero el martes es día de mercado en La Pola, así que tendríamos que adelantarlo al lunes.

¿De verdad que poner luces en noviembre anima a la compra? ¿Nos preña de bondad con adelanto? ¿El fin justifica el sinsentido? Pintaremos güevos pintos en febrero, a salvo de las lluvias de abril. Un Carmín en abril podría ser el nuevo Woodstock. Comadres en agosto tendrían su punto. A Carnaval en octubre lo llamaríamos Halloween. Y en San Antonio, los Pepitas serían licántropos que reparten cacharros en calabazas huecas. Todo encaja si se trata de hacer caja. Pero, ¿y lo fatos que parecemos con tanta chorrada adelantada?