El Comercio

La Fresneda, una ciudad de treinta años

Vista general de La Fresneda.
Vista general de La Fresneda. / Fotos: Pablo Nosti
  • Los vecinos destacan su calidad de vida y la cercanía con las grandes ciudades, pero demandan la construcción del instituto. La urbanización se ha consolidado como una zona residencial familiar en continuo crecimiento

El próximo día 28 se cumplirán treinta años de la primera licencia de uso y ocupación concedida por el Ayuntamiento de Siero en la urbanización de La Fresneda. Ese día, lo que hasta entonces era un extenso humedal de casi dos millones de metros cuadrados, comenzó a hacerse pueblo.

«Fuimos unos valientes, porque aquí no había nada, era una ‘llamarga’ con una niebla terrible», asegura José Luis Palicio, uno de los primeros vecinos de una zona que empezó con 31 viviendas y que, tres décadas después, se ha convertido en el tercer núcleo del concejo con 4.428 habitantes empadronados, según recoge la última estadística municipal.

En 1984, Palicio empezó los trámites para construir su casa. Por entonces, los terrenos pertenecían a la sociedad Asturcentro, que fue comprada por Luis Orejas, al frente de Los Álamos. «Cuando traje a mi mujer a que viera donde íbamos a vivir, solo estaban las líneas de la parcela marcadas con cal en el terreno, nada más. Fue una aventura que salió bien, pero imagínate que el proyecto hubiera fracasado», señala Palicio.

Pero la promotora había diseñado un plan perfecto. Primero se construyó un club de campo para fidelizar a la gente en torno a un local social, un restaurante, dos pistas de tenis y una bolera. Hoy en día, las instalaciones cuentan con 152.000 metros cuadrados, dos restaurantes, centro de empresas y una amplia variedad de actividades deportivas.

«La mayoría éramos gente joven con niños pequeños. Fueron ellos, los que nacieron y crecieron aquí, los que mantuvieron el pueblo. Era algo nuevo que ninguno habíamos vivido, tuvimos que crear un estilo de vida desde cero y eso nos sirvió para hacer vínculos de amistad muy fuertes», apunta Palicio.

Los primeros anillos de viviendas unifamiliares se construyeron en torno al club. Como curiosidad, desconocida para muchos, todas las viviendas que los promotores solicitaron edificar en 1985 fueron de protección oficial.

Poco a poco, la urbanización de La Fresneda, diseñada como ciudad jardín, fue habitándose y creciendo hasta formar un vecindario variopinto lleno de profesionales liberales, funcionarios, empresarios y hasta políticos. La buena comunicación con un enlace casi directo a la autopista, su proximidad con Oviedo y Gijón y un centro comercial en las inmediaciones sirvieron como aliciente a los nuevos habitantes. «Una casa aquí te costaba lo mismo que un piso en Oviedo, con la ventaja de que no tenías comunidad de vecinos, era más grande y venía con garaje y parcela», detalla Antonio Fueyo. En su caso, llegó en la segunda etapa, cuando ya se había construido la plaza Mayor y los negocios comenzaban a proliferar.

La nueva promoción de Los Álamos, Mondrian, en construcción.

La nueva promoción de Los Álamos, Mondrian, en construcción.

En los años noventa se habían construido, además, la iglesia y el colegio. Hubo que esperar al cambio de siglo para que el Ayuntamiento dotara a la localidad de centro cultural, de salud, de estudios y de polideportivo. «Solo queda que nos den una salida peatonal hacia Lugones y el instituto para que sea un sitio perfecto, porque la calidad de vida aquí es bárbara», apunta Fueyo. Tras varios años de retraso, la previsión de la Consejería de Educación es que sea una realidad para el curso 2019-2020.

Algo que espera Gema Gómez, que este año cumple una década como vecina y es madre de un niño. «Vine aquí por el entorno y la buena comunicación, es un pueblo moderno donde la hostelería va a más y puedes hacer vida familiar», destaca. Y tan a gusto está que hace dos meses abrió en la plaza Mayor la tienda de moda y complementos Clover Corner junto a su amiga Ana Cabal. «No cambio La Fresneda por nada», asegura.

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