Abel Mañana, un sierense que se jubila a los 81 años

Abel Mañana, detrás del mostrador de su establecimiento. / NOSTI
Abel Mañana, detrás del mostrador de su establecimiento. / NOSTI

El popular empresario cerrará la tienda de electrodomésticos con la que se convirtió en un referente en el sector

LYDIA IS POLA DE SIERO.

«Soy feliz porque hice todo lo que quise hacer», Así resume su trayectoria el empresario Abel Mañana (Pumarabule, 1936) que el próximo 31 de agosto cerrará la emblemática tienda de electrodomésticos que regenta en la Pola tras una extensa vida laboral de sesenta y cuatro años.

«Me costó dar el paso porque no sé hacer otra cosa, pero soy consciente de que este momento tenía que llegar y fui asimilándolo, trabajé sin descanso hasta los ochenta años y creo que estuvo bien, ahora dedicaré el tiempo a lo que dejé en un cajón precisamente para cuando tuviera tiempo y disfrutaré de los recuerdos», asegura.

Servicio, calidad y atención son las tres premisas de un hombre que destaca por su carácter conciliador y por haber estado desde siempre muy comprometido con su entorno. Hijo de un electrecista del Pozo Pumarabule, su historia no se concibe sin la palabra trabajo. A los diceséis años puso en marcha un garaje de venta y reparación de bicicletas, al que llamó Moderno. Fue su primer negocio. «Por aquel entonces era el medio de transporte de los mineros y vi que ahí había filón», recuerda.

Al poco tiepo comenzó a vender también motos y en vistas a las necesidades de los trabajadores incorporó jabón, colonia, maquinillas de afeitar, herramientas y hasta libros.

Fue el primero en llevar a Pumarabule una lavadora de turbina y una televisión en blanco y negro. «Tenía hasta armería», destaca. Con el paso de los años, la vida le demostraría más de una vez su intuición empresarial, lo que le convirtió en un hombre adelantado a su tiempo.

Con el garaje convertido en bazar, le llegó la primera oportunidad de crecer. «Cogí la representación de la marca Marconi para Siero, pero me pusieron como condición que me trasladara a la Pola», explica. Hizo la mudanza en 1957. En el local de la calle San Antonio comenzó a forjarse como empresario y dio un paso más, se hio cargo del reparto de butano. «No lo tuve nada fácil, me costó mucho tiempo que la gente de la Pola me aceptara», apunta.

Sin embargo, su carácter extrovertido y su compromiso con la sociedad en general y con la localidad en particular terminaron por abrirle las puertas. «Soy de la opinión de que todos tenemos la responsabilidad de aportar algo a la sociedad, lo considero como un impuesto y siempre me gustó revertir en el pueblo sin esperar nada a cambio», sostiene.

En 1961 volvió a cambiar de local, en esta ocasión a la calle Pedro Vigil, donde se asentó de forma definitiva. Fue también consejero consultivo de Marconi, comisario de varias quiebras, consejero de varias entidades y fundador y presidente de la priera asociación de comerciantes de la Pola. «Fue toda una escuela democrática porque quise tener a gente de todas las sensibilidades y gremios y aunque había combate de ideas, siempre, siempre, llegamos a un acuerdo y forjamos amistad», destaca.

También agradece el apoyo de su mujer, María Jesús Villanueva, pilar importante en su trayectoria. «Nunca paré, nunca tuve vacaciones y nunca me dijo nada», señala. Ahora promete recuperar el tiempo. «Empezamos otra etapa», añade.

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