Un año más El Carmín, considerada la Romería de Asturias por antonomasia, arrastró a miles de personas hasta el prau de La Sobatiella en una cifra que los responsables de Protección Civil calculaban similar a la de la edición anterior: unas 60.000 «incluso algo más», estimaba su coordinador en Siero, Julio Tuero. Y un Carmín más la tónica general de la fiesta fue la de una jornada en la que predominó el buen ambiente y las ganas de pasárselo bien sin importar edad, procedencia o entrenamiento para aguantar hasta el final.

El tiempo acompañó con un día de los más 'soleyeros' que ha dado este verano y una temperatura que en torno a las cinco de la tarde, cuando las fanfarrias y peñas iniciaron la salida desde la Plaza Les Campes, rondaba los treinta grados. Un tiempo para buscar en medio de la folixa un poco de sombra en la que cobijarse. Y a la sombra y en un lugar privilegiado para presenciar el comienzo del desfile merendaban los internos de una residencia geriátrica, muchos de ellos ataviados con monteras piconas de papel y otros complementos festivos. Entre ellos, Victorina y María Teresa, con muchos 'carmines' vistos ante sus ojos contemplaban ahora el bullicio alegre de Les Campes «desde la barrera y a lo fresco», señalaba la segunda.

En una terraza cercana, el alcalde de Bimenes, Aitor García Corte conversaba animadamente con el concejal de festejos sierense, César Díaz Rodríguez. El primero llevaba ya unas cuantas horas metido en la vorágine folixera y en calidad de gaitero -acompañado en pareja musical de tambor- había participado en la alborada mañanera por las calles de La Pola. El responsable de festejos portaba la camiseta oficial del Carmín 2017 con el lema 'No a la violencia de género' y destacaba el clima tranquilo en el que se suele desarrollar la romería, a pesar de reunir miles de personas cada año.

Predominaron las ganas de pasárselo bien sin importar edad, procedencia o entrenamiento

El desfile comenzaba y poco a poco las fanfarrias y bandas de gaitas como La Xiranda de Colloto o El Ventolín de La Pola se abrían paso en el trayecto hasta el prau de la fiesta, con la peña Los Cascaos en su tradicional lugar de cierre del cortejo. Carlos Fanjul ejercía de maestro de ceremonias con su 'cayáu' en alto, pacífica arma de diversión masiva que le acompaña desde hace más de tres décadas en el Carmín: «Cuando el río Nora no tenía orilles ya andaba esti cayáu por aquí», afirmaba rodeado de mesas con pies humanos, cargadas de empanadas, tortillas, barras de pan y sidras en remojo, la verdadera división acorazada de la peña más veterana de la romería polesa.

Tras los Cascaos se podía ver al alcalde de Laviana y líder 'sanchista', Adrián Barbón que acudía al Carmín por primera vez aunque como confesaba «como lavianés, estas fiestas me resultan muy familiares». El político elogiaba la iniciativa de insertar un lema contra la violencia de género en la camiseta oficial: «Todo es poco lo que se haga en ese sentido y me parece estupendo que se visibilice», afirmaba.

En La Sobatiella las peñas habituales organizaban la intendencia folixera en la zona más tranquila del recinto. Allí estaban los de Santa Rosa, un antiguo equipo de fútbol sala reconvertido en peña carminera, compartiendo lindes con otras cofradías como Les Kukes, definida por uno de sus miembros consortes, Pepe Río, como «ejemplo de matriarcado» y en el que la voz cantante, la batuta y el espíritu lo marcan las mujeres del grupo, amigas desde los tiempos de la escuela y fieles a su cita con la romería desde entonces: «Ahora dejamos también que los paisanos nos acompañen», bromeaban Katy Álvarez y Ana Noval, sentadas a la sombra de unos castaños mientras sus compañeros ejercían de escanciadores. Los Cascaos ocupaban con honores la parte central de esta auténtica zona vip, con un incansable Carlos animando el cotarro.

En una zona intermedia, entre la de los grupos familiares y el lugar donde se extendían los dominios libres de los romeros más jóvenes, la fanfarria El Felechu de Corvera, reponían fuerzas antes de volver a soplar sus instrumentos con Lucas Dorado al frente, un año más y su eterno look chaplinesco: «Dicen que soy el manager», se disculpaba socarrón, antes de alzar su bastón para iniciar de nuevo la ronda musical. La peña Facilidades aseguraba sus dominios con una torreta de madera: «Empezó siendo una torre medieval y ahora es gogotera y un puesto para que la prensa pueda tomar imágenes desde arriba», explicaban Susi y Adrián, del núcleo fundador.

Más allá, como en las viejas cartas de navegación, se desplegaban territorios inexplorados por los romeros y romeras veteranos, una amplia zona de libre disfrute en 'prau abiertu' donde los litros de sidra y los de agua para enfriarla regaban la Sobatiella. Aquí todo era posible, es decir todo lo posible que puede ofrecer la Romería de Asturias, un Carmín, que de nuevo volvió a petarse de alegría a raudales y a remojo para que nadie la eche en falta aquí por lo menos hasta el año que viene.

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