«El azabache asturiano debería ser patrimonio cultural por su exclusividad»

Alba García Rodríugez trabaja una pieza de azabache en el taller que comparte en Villaviciosa con la artesana María Pérez. /José Simal Ordás
Alba García Rodríugez trabaja una pieza de azabache en el taller que comparte en Villaviciosa con la artesana María Pérez. / José Simal Ordás

Alba García Rodríguez, azabachera. | «En un oficio que por tradición ha sido cosa de hombres, pero quienes están tirando y pelando por su continuidad somos las mujeres»

Lydia Is
LYDIA ISPola de Siero

Aunque nació en Bimenes, Alba García Rodríguez lleva casi toda su vida afincada en la Pola. Nieta y sobrina de joyeros, siempre tuvo claro a qué quería dedicarse. Tras formarse en la Universidad de Oviedo, creó la marca La Caja Azul Joyas y buscando un curso de talla de azabache encontró a la artesana María Pérez, con la que en 2016 fundó Unión Azabachera de Villaviciosa, una empresa que garantiza el origen local de la materia prima que utilizan para sus creaciones. Ahora, maestra y discípula acaban de poner en marcha en Villaviciosa la primera escuela de formación de Asturias en un espacio que también es zona de exposición y venta de piezas cien por cien artesanales.

–¿Qué le atrajo del azabache para que decidiera dedicarle su carrera profesional?

–Siempre me llamó la atención, es algo propio de Asturias y me parecía básico saber trabajar con él. Desde el minuto uno me enganchó, no se puede explicar con palabras. Siempre ha estado vinculado con lo mágico, como amuleto protector y es cierto que tiene algo especial, pese a lo ingrato que es muchas veces su trabajo porque apenas hay material, las piezas son pequeñas y tienen muchas imperfecciones.

–Los artesanos llevan más de una década alertando de la escasez de azabache, ¿cómo lo obtienen?

–Ahora mismo solo podemos aprovechar cuando se producen desprendimientos en los acantilados para ir a buscar piezas, pero es algo totalmente precario, peligroso y que está sin regular. Lo ideal sería que se reabriera la mina de Oles para garantizar el suministro y también la calidad. Imagina si el de ahora, que no dejan de ser restos, es bueno, cómo sería el que se extrajese.

–La reapertura de la mina es una de sus principales reivindicaciones, ¿en qué punto se encuentra?

–Estamos pendientes de saber qué va a pasar con la concesión de los derechos de explotación. El empresario que los tenía renunció a abrirla porque después de casi diez años esperando por los trámites burocráticos consideró que ya no era rentable. Parece que por parte del Ayuntamiento de Villaviciosa hay buena disposición para intentar asumir esos derechos, pero de momento son solo palabras, lo vemos una utopía.

–¿Está en peligro el oficio?

–Me gustaría poder decir que no, pero cada vez somos menos. La situación es bastante delicada. Ahora mismo, hay una docena de artesanos que trabajen el azabache asturiano, muchos han optado por cambiarse al lignito georgiano o al reconstituido, que aparentemente son similares, pero de una calidad muy inferior y eso tampoco ayuda.

–Pero interés por el azabache hay. Lo demuestra que haya puesto en marcha una escuela de formación.

–Esa es la pena, que el azabache tiene un potencial grandísimo que no se está aprovechando. Nosotras intentamos luchar para que no se pierda, en unos días empezaremos los cursos y tenemos un volumen muy alto de personas interesadas, incluso gente que se lo ha regalado a familiares. La escuela no es algo que haya surgido de la nada; tenemos una trayectoria demostrada y una calidad implícita. La formación es básica para garantizar el futuro del oficio, pero sin materia prima, no sirve para nada.

–¿Hace falta una mayor implicación de las administraciones?

–Es evidente que sí. Individualmente no tenemos fuerza y como colectivo se nos obvia. El azabache de Asturias debería estar considerado patrimonio cultural, es algo exclusivo en España, de los mejores del mundo. Al final somos cuatro románticos dando voces y es una pena, hace falta mucha más cultura sobre lo que es y lo que supone para la región.

–Hablaba antes del lignito georgiano y del reconstituido. ¿Por qué suponen una amenaza?

–Porque no tiene nada que ver con el azabache de Villaviciosa. Es polvo de lignito con resina, la calidad es muchísimo menor, por lo que su precio también. El problema radica en quienes pretneden hacer pasar por azabache algo que no lo es.

–¿Y cómo se pueden diferenciar?

–Es muy complicado. A simple vista no se diferencian porque por lo general se utilizan piezas muy pequeñas. Pero lo que no es azabache, siempre se acaba rompiendo. Y también está el precio, el azabache nunca es barato. Era una de las cosas que nos planteábamos cuando pusimos en marcha el proyecto y sin embargo la gente está respondiendo muy bien. Quienes lo compran saben el trabajo y las peculiaridades que tiene el azabache y pagan el trabajo que conlleva y su calidad; esa es otra forma de ponerlo en valor.

–Deduzco que todas estas razones son las que llevaron a la escisión de la Asociación Acebache.

–Sí, se había desvinculado por completo del azabache, ni siquiera se respetaban los estatutos. Por eso pusimos en marcha la asociación Azabache Jurásico de Villaviciosa en la que estamos una treintena de personas que defendemos el interés cultural del azabache, no el económico.

–¿Qué objetivos tienen?

–El principal, que no se muera. Nacimos para defender el azabache de Villaviciosa y avalar que lo que vendemos es original. Estamos abiertas a cualquier artesano que quiera incorporarse o crear una red comercial, por ejemplo alguien que haga bolas o manos. También nos gustaría dar charlas y llevarlo a los colegios porque la labor de divulgación es muy importante.

–¿Continúa siendo el de azabachero un oficio de hombres?

–Tanto la azabachería como la joyería son tradicionalmente trabajos de hombres aunque el público al que va dirigido el producto es mayoritariamente femenino. Hoy en día hay muchas mujeres con una gran calidad profesional. Además, se da el caso de que quien está tirando y peleando por la continuidad del azabache somos mujeres.

–En 2016 iniciaron una colaboración con Sarah Caldwell, presidenta del gremio de azabacheros de Whitby, quien está llevando a cabo un estudio sobre las características especiales del azabache según su origen, ¿ha habido resultados?

–Seguimos en contacto, prácticamente de forma semanal. Ya hubo una primera fase con varias referencias y ahora mismo Sarah está llevando a cabo la segunda fase del proyecto con otro estudio de muestras en la Universidad de Yale. Lo que se puede contar es que tanto el azabache de Villaviciosa como el de Whitby tienen mucha calidad y que comparten los mismos problemas.

–¿Son compatibles la artesanía y las nuevas tecnologías?

–Claro que sí. Hace poco yo misma hice un atrapasueños en el que la parte de la pluma es de azabache y está realizado de forma cien por cien artesanal mientras que la plata está hecha con una impresora 3D. Además, internet y las redes sociales te dab amplitud, te abren al mundo.

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