Doctora en el esfuerzo

Marta Barroso Aladro./PABLO NOSTI
Marta Barroso Aladro. / PABLO NOSTI

Marta Barroso Aladro ha logrado el mejor expediente académico de Bachillerato de los tres institutos públicos de Siero

JOSÉ CEZÓN DOMÍNGUEZ

Marta Barroso Aladro (León, 2000) ha logrado el mejor expediente académico de Bachillerato de los tres institutos públicos de Siero. Esta alumna del IES Astures obtuvo una nota media de 9,83 en los dos cursos. Fue un currado notable en Educación Física el que malogró la máxima calificación. «Me esfuerzo muchísimo, pero no se me da», confiesa derrotada. En plena preparación de la EBAU –la antigua Selectividad–, esta vecina de La Fresneda desvela una vocación precoz por la Medicina. «Lo llevo teniendo claro desde pequeña y nunca cambié de opinión», asegura. Sanar e investigar le resultan muy gratificantes. Aclara que no tiene antecedentes familiares en esta profesión contagiosa. «Mi madre es profesora y mi padre funcionario, así que soy la oveja negra», bromea.

De niña quería ser pediatra, pero ahora le atrae la neurocirugía y la cardiología. Y ya ha superado la criba de presenciar cuerpos y órganos donados para la ciencia. Ocurrió en una visita a la Universidad. «Ya lo tenía claro», insiste, «pero ese día me cercioné de que no me iba a dar cosa ver cadáveres, ni operaciones».

Tamaña lucidez sobre su futuro profesional le sirvió para mentalizarse: «Sabía que me tenía que esforzar mucho y aquí estoy intentándolo». Acaba de superar un Bachillerato cuyo nivel reivindica: «Está infravalorado, porque requiere mucho tiempo y estudio». Aprovecha para encumbrar al Instituto de Lugones, que no dudaría en volver a elegir. Y ahora toca acceder a la egregia Facultad de Medicina de Oviedo, cuyo listón sigue por las nubes. Pero afronta la prueba con deportividad y hasta maneja tres universidades alternativas. Los padres estarían dispuestos a asumir ese sacrificio para recompensar la entrega de su única hija.

Estudia cinco días a doble jornada y con solo media hora de relax tras el almuerzo. Y el fin de semana se lo toma con más tranquilidad y hasta desconecta un poco. Una forma de relajarse de la presión y el estrés es tocando el piano. Al preguntarle por otras aficiones, responde que «viajar, si eso se puede contar como una afición», apostilla con timidez. No olvida una visita a Nueva York con la familia y dos estancias más largas con amigas en Canadá. Esos viajes le sirvieron para ampliar horizontes, el mejor antídoto contra muchas pandemias. Y confiesa que le ilusionaría completar estudios en los EE UU o el Reino Unido, donde el galeno español cotiza al alza.

Marta recibió un reconocimiento institucional del Ayuntamiento, junto a otros ocho estudiantes de Siero. «Me parece muy buena idea, es de las pocas veces que ves recompensado el trabajo de todo el curso». Y remata: «Creo que no se valora suficientemente a la gente que se esfuerza».

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