La Fresneda funda un nuevo club de golf sin instalaciones

Antiguos socios del Club de Golf de La Fresneda, en el campo de La Morgal. /  E. C.
Antiguos socios del Club de Golf de La Fresneda, en el campo de La Morgal. / E. C.

Los antiguos socios del equipamiento de la urbanización crearán mañana una sociedad golfística sin ubicación fija

MARCOS GUTIÉRREZ LA MORGAL.

El Club de Golf de La Fresneda cerraba sus puertas a finales de junio. Atrás quedaban 21 años de actividad en sus hoyos y, sobre todo, un buen número de abonados que, desde entonces, se vieron abocados a un exilio golfístico. Muchos de ellos escogieron las verdes praderas de La Morgal como una nueva tierra prometida tras ese éxodo forzado por las circunstancias. Mañana, a partir de las 19.30 horas, los antiguos abonados del desaparecido equipamiento deportivo de la urbanización sierense crearán su nuevo club que, en esta ocasión, no contará con una ubicación fija.

Rufino Ordóñez es uno de los antiguos abonados del Club de Golf de La Fresneda. Explica que este «club sin campo» busca recuperar el espíritu de confraternidad y el buen ambiente del original, gozar de ciertas ventajas en instalaciones de la región, «organizar campeonatos, salidas y mantener el carácter familiar» al que estaban acostumbrados. «En principio la idea es que se llame La Fresneda Golf Club», apunta.

Espíritu de comunidad

Ordóñez recalca que, en principio, hay apuntadas alrededor de 45 personas que, de inicio, conformarían esta nueva entidad, lo que supondría «un club de tamaño ya respetable». El de la Fresneda llegó a contar con 300 abonados que, a día de hoy, además de a las instalaciones de La Morgal también acuden a «Las Caldas y a los Balagares» para seguir dando rienda suelta a su pasión por el deporte de los 18 hoyos. Rubén Rodríguez es otro de los antiguos abonados en el exilio. Jugó en las desaparecidas instalaciones sierenses «durante doce años». «Todos comulgamos con esa idea de recuperar el espíritu que había antes; estábamos acostumbrados a un club en el que no había desconocidos», indica.

«Los socios no solo íbamos a jugar y marchábamos. Después de hacer unos hoyos quedábamos a charlar o a tomar una cerveza», rememora, por lo que «había mucha sensación de comunidad». Recuerda con tristeza que «el cierre de La Fresneda fue un palo para todos». «Era un campo pequeño, pero muy técnico», apunta, especialmente adecuado para jugar durante el invierno. La cafetería de La Morgal será el lugar en el que mañana se comenzará a escribir un nuevo capítulo para estos aficionados.

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