Los técnicos revisan la instalación eléctrica del edificio de El Berrón

Loa técnicos, comprobando la instalación eléctrica del edificio siniestrado en El Berrón. /SUSANA SAN MARTÍN
Loa técnicos, comprobando la instalación eléctrica del edificio siniestrado en El Berrón. / SUSANA SAN MARTÍN

La menor y la mujer de 84 años continúan hospitalizadas en estado grave

MARCOS GUTIÉRREZEL BERRÓN.

Técnicos de una empresa de instalaciones eléctricas acudían esta mañana al número tres de la calle Río Magostales para revisar el estado de la instalación eléctrica y la zona de contadores del edificio en el que el lunes se declaró un incendio en el que moría Rubén Fonseca Patallo, de 41 años,al intentar salvar la vida de su mujer y sus dos hijas.

La hija menor del fallecido, Carla de cinco años, continúa ingresada en el Hospital de la Paz de Madrid, con pronóstico grave. Aurelia Díaz, de 84 años, permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos del HUCA.

Los bomberos avisaron ayer, tras controlar las llamas, a la compañía suministradora de electricidad para revisar el estado de la instalación. La mayoría de vecinos optaron por pasar trasladarse a casas de familiares.

Los vecinos confirmaron que los contadores digitales fueron instalados hace poco más de un año. Aunque la investigación no ha concluido, hay indicios que apuntan a un cortocircuito en los contadores como causa que originó el fuego.

El funeral de Rubén Fonseca tendrá lugar hoy, a las cinco de la tarde, en la iglesia parroquial de Santa Cruz de Marcenado, en Siero. A continuación, los restos mortales recibirán cristiana sepultura en el cementerio de dicha parroquia.

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Rubén Fonseca Patallo, de 41 años, quiso salvar la vida de su mujer y sus dos hijas, pero la fatalidad golpeó a esta familia en la madrugada del domingo al lunes. Este vecino de El Berrónfalleció como consecuencia de la exposición a las llamas y la inhalación del humo tóxico concentrado en el interior del edificio, situado en el número tres de la calle Río Magostales. Según las primeras hipótesis de la investigación, el fallecido intentaba salir a la calle junto con su hija Carla, de cinco años. La nula visibilidad y la confusión del momento provocaron que el padre, la niña y una vecina, Aurelia Díaz, de 84 años, terminaran atrapados en el sótano, junto a los contadores en los que se cree que se originó el fuego.

La mujer de Rubén, Verónica Iglesias Cañizares, y su hija Nerea, de quince años, salieron también a la escalera desde el tercer piso donde vivían. Pudieron refugiarse en la vivienda de un vecino. «A las dos menos cuarto de la madrugada, oí unas voces que llamaban a alguien». En cuanto Manuel Roces Quirós escuchó esos gritos, supo que se trataba de «algo grave». De inmediato, este vecino del primero, letra F, intentó encender la luz, pero el suministro se había interrumpido. «Ahí me dije: 'mal asunto'».

El hombre llamó a su hermana y juntos abrieron la puerta para descubrir qué estaba pasando. Fue entonces cuando vieron, entre la intensa humareda que tapaba la escalera, «a la mujer de Rubén y su hija mayor». Acto seguido, cerraron la puerta y las acomodaron en el salón de la vivienda. «Las atendimos hasta que vinieron los bomberos y los médicos. Estaban muy nerviosas. Ella repetía: 'rescatad a Rubén y salvad a mi hija'».

La Policía Local de Siero fue la primera en llegar al lugar de los hechos. Los bomberos del 112 desplazados al lugar encontraron en la zona del portal a Rubén, Nerea y Aurelia. Inmediatamente, colocaron un ventilador en el hueco de la escalera para liberar de humo la zona y evitar así la intoxicación del resto de vecinos. Una vez ventilado el hueco de la escalera y sofocado el incendio se procedió a evacuar del edificio a sus treinta residentes. Los bomberos avisaron a la compañía suministradora de electricidad para revisar el estado de la instalación, que sigue sin funcionar. De hecho, la mayoría optó por pasar la noche en casas de familiares.

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