Medio siglo del estreno del Lóriga

Medio siglo del estreno del Lóriga
DANIEL MORA

La sala de fiestas polesa fue durante casi dos décadas punto de encuentro de varias generaciones de asturianos

JOSÉ CEZÓN POLA DE SIERO.

Este mes se cumplen cincuenta años de la inauguración del Lóriga, la sala de fiestas polesa que se convirtió durante casi dos décadas en uno de los epicentros del ocio de varias generaciones de asturianos. Fue un 2 de diciembre de 1967 cuando se celebró el primer baile y la sala permaneció en activo hasta 1986. Arrancó, por tanto, en las postrimerías del franquismo y permaneció hasta los libertinos años de la movida.

El negocio fue fundado por tres socios, que percibieron que existía un vacío de esta oferta lúdica en la villa desde el cierre en 1956 del conocido como el Baile de La Señora. También se inspiraron en el Ladrillo Club, que funcionaba desde 1964 en las cercanías y regentado por el Club Siero. Tras diferentes cambios en la sociedad, quedó como único propietario Rufino Riestra. Asimismo, se fueron involucrando sus tres hijos: Jose, Pili y Rufi. En 1969 abrieron también una cafetería homónima y en 1987, el hotel.

El primer día no bailaba nadie

José Emilio Suárez Baragaño, más conocido como 'Mimí', fue uno de los asistentes a aquella inolvidable fiesta de hace medio siglo. «Estaba a tope de gente, pero no había nadie en la pista», recuerda. Entonces, él decidió a salir a bailar con Pili, la anfitriona. «Dimos dos o tres pases y entonces ya bajó todo el mundo y quedó inaugurada». A aquella primera velada acudieron unas setecientas personas con invitación y se prolongó hasta casi las cuatro de la mañana, que era la hora máxima permitida. Hubo orquesta y Rufi recuerda que Graciano Gutiérrez, de Radio Pola, instaló seis grandes altavoces de la marca Philips.

Durante los primeros años pasaron por la sala artistas como Betina, Víctor Manuel, Mari Trini, Los Tres Sudamericanos, Pablo Abraira o Andrés Pajares, además de orquestas como Gran Kapitol, La Langreana, Marimbas Punto Azul o Blue Star. Como aún funcionaba la censura, era obligatorio llevar el repertorio al Gobierno Civil para que lo diera de paso. «'La planta 14', de Víctor Manuel siempre me la quitaba», recuerda Rufi. Otro listado era para Autores y el hostelero aprovechaba para incluir canciones del poleso Falo Moro, célebre por su carácter desprendido, para que las cobrara.

La pista que aún se conserva de la antigua discoteca.
La pista que aún se conserva de la antigua discoteca. / Daniel Mora

Los hábitos de consumo eran muy diferentes. La mayoría de la clientela tomaba cubalibres, que comenzaron costando ocho pesetas. Y triunfaban las bebidas con sabor y color: Licor 43, menta y por ahí. La venta de cerveza era testimonial. «Tengo mieu de que una caja durase un añu», asegura Pili. Eso sí, autóctona del Águila Negra, a cuya fábrica de Colloto iban 'Mimí' y Rufi muchas veces a comprar barras de hielo. «Veníen entre paja y no morrió nadie», bromea el primero.

Entre las paredes del Lóriga surgieron infinidad de idilios que acabaron en matrimonio. En señal de gratitud, hubo muchas parejas que celebraron después el banquete de boda en el hotel. No era sencillo ligar en aquellos tiempos pretéritos. Según explica 'Mimí', los varones se concentraban en la barra y las féminas ocupaban los asientos. «Teníes que ir poles meses a sacar a les muyeres a bailar y como una te dijese que no, ya no bailabes con ninguna».

De la orquesta al picú

El Lóriga tuvo que dejar de contratar orquestas en 1971 debido a una serie de denuncias y a una normativa cada vez más estricta. Comenzaba así una nueva etapa de baile con picú que, al principio, no convencía al público, pero que se acabó imponiendo. Para los dueños fue más rentable, pues las actuaciones eran siempre deficitarias al tener un aforo reducido. Entre los pinchadiscos, cabe mencionar a Bernardo Camino, 'El Caco'; Pepe Bárcena, Manolo Rodríguez, Pepe Río, Roge o Manuel Fuente. Había dos sesiones de baile y dos fases de música lenta para bailar «a lo agarrao».

La discoteca tuvo una reforma integral en 1980, realizada por Chus Quirós, quien también había rehabilitado la cafetería tres años antes. Y en sus tiempos más boyantes, llegó a abrir viernes, sábado y domingo con clientes de todos los puntos de la región. También hacían mucha publicidad y cartelería. Aún se recuerdan aquellos eslóganes radiofónicos del tipo '¿Quieres lorigar conmigo?'

Pero a partir de 1983 irrumpió un nuevo fenómeno en la movida nocturna que resultó letal: el pub, que venía a ser parecido a la discoteca, pero sin pagar entrada. El Lóriga aguantaría otros tres años más y, curiosamente, en su última etapa estuvo arrendado al Club Siero, que había sido su fuente de inspiración.

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