Noche de miedo en La Fresneda

Un grupo de vecinos de La Fresneda en la celebración de Halloween. /  FOTOS: SUSANA SAN MARTÍN
Un grupo de vecinos de La Fresneda en la celebración de Halloween. / FOTOS: SUSANA SAN MARTÍN

Seis casas de la urbanización se convirtieron en pasajes del terror para la ocasiónUn siniestro niño en triciclo, una recién enterrada y una monja zombi se alzaron con los primeros premios del concurso de disfraces

MARCOS GUTIÉRREZ LA FRESNEDA.

La noche más terrorífica del año llegó ayer a La Fresneda con su ya tradicional Halloween, que contó con una gran implicación, tanto de los adultos como de los más pequeños de la casa. Poco antes de las seis de la tarde padres y niños se arremolinaban junto al centro cultural, donde se iba a celebrar el concurso de disfraces. Ajeno a la pelea entre un esqueleto y un perfecto imitador de Jason Voorhes, de 'Viernes 13', David Bada, de tres años, lucía orgulloso su disfraz de Iron Man. Sus padres señalaron que convertir a su hijo en la viva imagen de Tony Stark les llevó «dos semanas de trabajo».

Algo menos de tiempo supuso el traje de «bruja chamana» de Ana Suárez, que compitió en la categoría de adultos. «Tardé como una semana en tenerlo listo», destacó y añadió que las celebraciones de la Noche de Difuntos «van a más» en la urbanización. «Yo vivo aquí desde el 2003 y cada año desde que llegué hay más gente», indicó. El premio al atuendo más terrorífico en la categoría de niños de 0 a 10 años le correspondió al pequeño Mateo, convertido en una suerte de zombi en triciclo. En la categoría de niños a partir de 11 años triunfó Niurka, de 11, con un espectacular disfraz de recién enterrada. Un conseguido e inquietante atuendo de monja zombi se erigió en el mejor entre los adultos. Pasadas las siete de la tarde un ejército de brujas, payasos Pennywise de 'It', zombies y demás criaturas de pesadilla comenzaron a salir a visitar las diferentes viviendas de la urbanización que participaron en el concurso de casas encantadas. Arantxa Llera, mitad bruja mitad maestra de ceremonias, dirigía a los visitantes por los diferentes rincones de su hogar, transformado para la ocasión en la senda del dragón. Para crear su ambientación medieval, con profusión de candelabros y dragones la familia y amigos que colaboraron dedicaron «alrededor de un mes y pico».

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