«Noreña me pagó en cariño, no tiene ninguna deuda conmigo»

Tino Fombona posa delante del quiosco de la música./PABLO NOSTI
Tino Fombona posa delante del quiosco de la música. / PABLO NOSTI

Tino Fombona, cantante y pregonero de las fiestas del Ecce Homo: «A las cosas que merecen la pena no sé decir que no; me gusta meterme     en todos los charcos, lo veo como un ejercicio     de responsabilidad»

LYDIA ISNOREÑA.

Dicen que su voz nunca se arruga por su potencia como vocalista, pero Tino Fombona (Noreña, 1931) reconoce que mañana tendrá que hacer frente a su puesta en escena más difícil. El popular cantante será el encargado de leer el pregón de las fiestas del Ecce Homo de Noreña y espera «estar a la altura». Además, promete que habrá sorpresas.

-Tendrá el privilegio de abrir las fiestas de su pueblo, ¿se lo esperaba?

-La verdad es que me cogió por sorpresa, pero a las cosas que merecen la pena no sé decir que no. Siempre me dicen que me meto en todos los charcos y es verdad, me gusta. Yo lo veo como un ejercicio de responsabilidad y de compromiso con Noreña. Espero estar a la altura.

-¿Qué puede adelantar del pregón?

-Cada vez se me ocurren más cosas y no sé dónde voy a meterlas. Si me pongo a contar todo lo que tengo dentro... (ríe). Pero no; quiero que sea algo sencillo y ameno, voy a hablar de las dos vertientes de la fiesta, la religiosa y la profana. Y habrá algo que la gente no se espera, pero eso es secreto. También haré una proyección con las cosas que se incorporaron en mi etapa al frente de Sonofe.

-¿Cuáles fueron?

-Por ejemplo el desfile de asturianía, el reparto del bollu en Los Riegos, el cambio de los feriantes... Es una forma de decir a quienes están y estarán al frente de las fiestas que hay que arriesgar y apostar por hacer cosas nuevas aunque no gusten a todos.

-¿Qué más recuerda de su etapa de presidente?

-Estuve entre 1974 y 1976 y en 1975 fue un auténtico desastre. Cayó una tormenta enorme que nos lo destrozó todo, tuvimos que hacer hasta un gabinete de crisis. Las orquestas no pudieron tocar y solo salvamos el baile del caldo, que antes se hacía los martes, porque nos dejaron un local. Al año siguiente no nos tocaba, pero decidimos continuar para no dejar un pufo a una nueva directiva y la gente se volcó con nosotros. También coordiné la parte musical en la gestora que hubo en 2003.

-¿Cree que ha cambiado mucho la forma de disfrutar las fiestas?

-Hay cosas que sí. Antiguamente, la bajada del Ecce Homo era algo testimonial y sin embargo cuando pusieron megafonía comenzó a crecer hasta hacerse multitudinaria y ahora supera en participación a la procesión del domingo. También cambió mucho la noche, antes las orquestas eran mucho más cercanas, y la gente bailaba y la veías disfrutar; ahora prima más el espectáculo y el público mira, pero no participa. Pero ojo, tampoco hay que echar la culpa a nadie, las cosas van cambiando y cada época tiene lo suyo. Eso sí, los actos religiosos siguen siendo el pilar de las fiestas, pese a quien le pese.

-Además de leer el pregón, volverá a subirse al escenario con su hijo Tino y varios amigos. ¿Cantar en casa supone mayor presión?

-Actué muchas veces con las orquestas y durante muchos años estuvimos en el baile del caldo, así que para mí tocar en casa siempre es muy especial y emotivo. Esta vez lo hago un poco medio engañado (ríe), pero con muchas ganas. Ofreceremos un repertorio de diez o doce canciones de las duras, de las que hay que cantar de verdad.

-Dicen muchos de sus vecinos que Noreña tenía una deuda con usted. ¿Lo siente así?

-Para nada, Noreña me pagó sobradamente en cariño y siempre me trató muy bien, no tiene ninguna deuda. La gente me tiene en gran consideración; dicen que nadie es profeta en su tierra, pero parece que hay alguna excepción (ríe).

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