La pesadilla de María Argentina Fonseca

María Argentina Fonseca Valdés, ayer en la Pola. / PABLO NOSTI
María Argentina Fonseca Valdés, ayer en la Pola. / PABLO NOSTI

La vecina, de 87 años, relata sus intentos por sofocar un incendio en su céntrica vivienda polesa que obligó a desalojar al vecindario

JOSÉ CEZÓN POLA DE SIERO.

«Ay, no soy a ello», suspiraba ayer María Argentina Fonseca Valdés, la octogenaria sierense que sufrió en la tarde del lunes el incendio de su vivienda, en el número 15 de la calle de Ildefonso Sánchez del Río, de Pola de Siero. El fuego se originó en una manta eléctrica, «que ye más vieya casi que yo», confiesa. Y asegura que el mismo día del siniestro tenía previsto ir a comprar otra nueva, porque no le inspiraba demasiada confianza esa manta al tener que utilizar un pesado adaptador de tensión.

María Argentina, de 87 años, se mostraba muy angustiada por todos los objetos personales que hayan podido llevarse las llamas. Según datos del 112, el fuego calcinó dos habitaciones y desmoronó el falso techo de escayola del pasillo. Sin embargo, de lo que aún no es consciente es de que anteayer salvó la vida casi de forma milagrosa, puesto que fue capaz de abandonar a oscuras la vivienda, ya incenciada e invadida por el humo, y de abrir la puerta de casa, que estaba cerrada con llave desde dentro.

Según relató a este diario, el lunes la habían llevado a Ordiales, su pueblo natal, y llegó a su vivienda polesa por la tarde. Como tenía frío, puso el camisón y la almohada encima de un radiador y la manta eléctrica a que calentara un poco su cama. Y luego fue a la cocina a fregar unos cacharros. A los pocos minutos, notó algo raro. «Como tengo una nariz que valía pa perru, pensé 'cómo me huele a ropa quemao' y entonces acordeme de la manta», relata. Fue rápidamente a la habitación, destapó la cama y ya encontró la manta ardiendo. Su primera reacción fue tirar del cable y arrojarla al suelo, pero entonces prendió más ropa. Luego arrojó agua con una palangana: «Tiraba y apagaba, pero encendía por otru sitiu». También lo intentó con una manta e incluso fue capaz de abrir la ventana de la habitación. «Nun quemé de milagru, pero yo quería apagalu», comenta.

«Me cegó el humo»

El agua sobre la manta provocó, probablemente, un cortocircuito y fue cuando marchó la luz de la vivienda. «Me cegó el humo y no encontraba la puerta, tuve que salir a palpu», es su siguiente recuerdo. Afortunadamente, logró abrir la puerta y dar la voz de alarma a una vecina y a su hijo.

La octogenaria fue evacuada por precaución al Hospital Central de Asturias, donde estuvieron haciéndole pruebas hasta las cinco y media de la madrugada de ayer, aunque ella solo recuerda que tenía «resquemor de garganta». Tras el alta médica, se marchó al domicilio de su hermana, donde ayer comentaba apesadumbrada que apenas utilizaba ya esa manta eléctrica, pero que a veces la ayudaba a aliviar determinados dolores.

El edificio afectado, de siete plantas y diecinueve viviendas, fue desalojado de forma progresiva, según explicaba ayer el presidente de la comunidad, José Luis Corte. Y a los únicos residentes de la séptima planta se les recomendó que no durmieran en la vivienda por precaución. No obstante, el incendio no causó daños estructurales, según informaron fuentes del Ayuntamiento.

Y un aparejador municipal realizó ayer un informe técnico, donde subraya que la rápida intervención de los bomberos evitó males mayores y en el que plantea una revisión de las ventanas de la fachada, y que se desmonte por completo una de ellas, para evitar que puedan caer restos a la vía.

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