Pulso a la exclusión social

Veteranas. Susana y Alicia trabajan en el taller de tapicería y manualidades reutilizando enseres que luego se venderán en los diferentes rastros. En Oviedo, se encuentra en Bermúdez de Castro 46. /Pablo Lorenzana
Veteranas. Susana y Alicia trabajan en el taller de tapicería y manualidades reutilizando enseres que luego se venderán en los diferentes rastros. En Oviedo, se encuentra en Bermúdez de Castro 46. / Pablo Lorenzana

La Asociación Reto a la Esperanza tiene en Viella su cuartel general en Asturias. Nació para la rehabilitación y reinserción laboral de toxicómanos a mitad de los ochenta, hoy da empleo a 60 personas

JUAN CARLOS ABADViella

«Las drogas han cambiado, las terapias han cambiado y ahora viene gente con unas medicaciones muy fuertes que no se pueden quitar de repente. Con la heroína sí que se podía hacer, de un ‘mono’ no se te moría nadie». Así de franco se muestra Manuel Jubete, responsable la Asociación Reto a la Esperanza en Asturias. Una asociacion civil sin animo de lucro, fundada en 1985 en Santander, de vocación cristiana y dedicada inicialmente y de manera principal a la rehabilitación en integración de drogodependientes.

En Reto, que es gratuito para aquellos que deseen desengancharse a la droga, se sabe lo que hay. El enfermo no paga nada por el ingreso y la terapia pero, a cambio, en el tiempo que dura el proceso de desintoxicación acepta la religión cristiana y unas estrictas normas de convivencia.

Reto nació durante el reinado de la heroína en España, a mitad de los años del plomo, que lo fueron en muchas cosas, y ha sabido reinventarse y crecer a lo largo de la década de los noventa y el comienzo del siglo XXI. «Antes abrías un local vacío y montabas un rastro para financiarte», explica Jubete que reconoce que «se ha avanzado mucho en legislación. Igual que las drogas cambian también lo hace la sociedad».

Antiguedades. Juan Carlos, responsable del rastro y el taller de carpintería, explica que «los precios que ponemos son dignos, no es de baratillo, aunque se puede regatear y si alguien lo necesita de verdad se le da gratis. Hay que echar una mano al prójimo».
Antiguedades. Juan Carlos, responsable del rastro y el taller de carpintería, explica que «los precios que ponemos son dignos, no es de baratillo, aunque se puede regatear y si alguien lo necesita de verdad se le da gratis. Hay que echar una mano al prójimo». / Pablo Lorenzana.

Así, crearon una cooperativa para separar la parte sanitaria de la de reinserción laboral, en la que tienen dada de alta a 60 trabajadores en el régimen general de la Seguridad Social. «Antes la gente venía sin formación, dejabas los estudios por la calle y la droga y acababas en el centro. Ahora la gente está más formada, también ha cambiado eso», relata el responsable.

La terapia, de manera diferente a como se afronta, por ejemplo, en Proyecto Hombre, se inicia desde el aislamiento total. El enfermo ingresa en el centro de manera voluntaria y se separa de «su familia, su barrio». «En Proyecto Hombre comienzas en casa y tras un mes puedes ingresar en el centro. Sé que hay mucha gente a la que le ha ido bien y doy gracias a Dios por ello, pero hay gente a la que no», rememora Jubete.

Una de las peculiaridades de Reto a la Esperanza es que los exdrogodependientes que, una vez limpios, deciden quedarse en la comunidad, encuentran sitio trabajando bien en las diferentes actividades profesionales que desarrollan, bien en las terapias para los nuevos ingresos.

En Viella, donde tienen el centro que coordina todas las casas que regentan en Asturias, la actividad a primera hora de la mañana es frenética. En la administración, personal jurídico revisa fichas de los internos que hayan tenido problemas con la ley. Dos puertas más allá, en el taller de tapicería trabajan una docena de mujeres. Se afanan sobre telas y cojines que bordan con motivos religiosos. Entre ellas, Susana y Alicia, veteranas en el centro que no dudan en afirmar que Reto a la esperanza les dio una segunda oportunidad. Explican que colaboran con las presas del centro penitenciario de Asturias dando talleres. «¿Ves ese mueble?», indican un armario a medio restañar, «ese mueble es nuestra vida. Hay que restaurarlo para que vuelva a servir».

Un poco más acá se ubica el rastro. Tienen varios repartidos por todo el Principado y es su fuente principal de ingresos junto con el reciclaje de basura sólida y chatarra y la realización de portes. «Desde Cogersa nos dijeron que junto a ellos fuimos los primeros en comenzar con la reutilización y el reciclaje», relata Jubete que, caminado hacia el amplio hangar donde los internos reparan y ponen a la venta los muebles bromea: «A veces nos llama gente a ver si montamos muebles de Ikea».

En el mercadillo trabajan varios operarios completando su proceso de rehabilitación y formación laboral. Entran dos chicos, jóvenes, se están sacando el carné de conducir y necesitan cuadrar horarios para ir a la autoescuela. Depende del momento de la terapia en el que se ecuentren, regresar al mundo real puede ser contraproducente.

«La tasa de éxito, depende», reconoce el responsable, «es muy difícil salir de la droga con un mes de terapia». En los datos que ofrece la asociación hasta 2015, aquel año ingresaron en toda España 2.642 toxicómanos en centros de Reto. De ellos, el 86% eran hombres y la droga más consumida era el tabaco, después el alcohol y luego la cocaína.

En el taller, Juan Carlos, el responsable del mismo, trabaja sobre un armario ropero. «El precio de los muebles los ponemos para que sean dignos aunque siempre tienes la posibilidad de regatear. Y si viene alguien que realmente lo necesita se lo damos gratis. Aunque siempre hay picaresca».

La carpinteria, reparación de electrodomésticos y el taller de automóviles forman parte de la terapia ocupacional del drogadicto y la fuente de ingresos –donaciones aparte– de una organización que fue declarada de interés público por el Consejo de Ministros en 1995.

Afuera, en el patio, otra media docena de operarios clasifica chatarra. Hace frío y han encendido una estufa en un horno industrial. «Con ayuda de Dios y de los demás, se sale. Solo es imposible», cuentan.

Chatarra. La chatarra se clasifica según la legislación vigente. Hace pocos años tuveron que adaptar el desguace a la ley, asfaltarlo y cumplir las condiciones como cualquier otra empresa. En la imagen, los electrodomésticos que les llegan acabarán bien en vertederos autorizados o bien despiezados para la venta del acero inoxidable o el cobre.
Chatarra. La chatarra se clasifica según la legislación vigente. Hace pocos años tuveron que adaptar el desguace a la ley, asfaltarlo y cumplir las condiciones como cualquier otra empresa. En la imagen, los electrodomésticos que les llegan acabarán bien en vertederos autorizados o bien despiezados para la venta del acero inoxidable o el cobre. / Pablo Lorenzana.

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